sábado, 17 de diciembre de 2016

Alumbramiento (o pre-deslumbramiento) I

Sabina decía en una de sus canciones que "la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido...". Y hace no mucho tiempo hubiera secundado estas palabras a modo de miserere; pero ha llegado el día en que, sin embargo, la vida cobra sentido.

Todo comienza con el alumbramiento, y podría decirse que hablamos de términos literales y figurados, porque una persona nace, para otra, dos veces: cuando realmente comienza a existir en el mundo y cuando comienza a existir en tu mundo. Desconocemos las circunstancias del primero, pero no se nos escapan las del segundo. En este caso, el alumbramiento fue la tormenta perfecta, contenida en un océano de incomprensión juvenil, de soledad, de inteligencia incipiente y no por ello de falta de inocencia.

En este estado, lo que el alma demanda no es sino comprensión y atención. El alumbramiento se da, pues, con la dosis exacta, imprescindible, de ambas. 

Y en el mismo momento en que el alumbramiento da comienzo, nace una deslumbrada.


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