jueves, 29 de mayo de 2008

Historia de una lágrima

No conozco las razones de una lágrima, ni su proceso químico, biológico o cualquier proceso que lleve a ellas. Ni siquiera podría explicarte las razones psíquicas.


Sólo sé que las lágrimas no se evaporan nunca, permanecen siempre pegadas al corazón.


martes, 27 de mayo de 2008

Honey, want you stop treating me that way?

Esto es un regalo (o una broma pesada) para aquellos que saben lo difícil que es, en general, que el porcentaje de momentos felices iguale, por lo menos, la balanza de momentos totales.

Especialmente, es para los que aun sabiendo todo el daño que hicieron, queriendo o no, deciden enfrentarse a su peor rival: el miedo a sí mismos.

Todos necesitamos un apoyo, a ser posible, que nos conozca mejor que nosotros mismos.

domingo, 25 de mayo de 2008

Cómo decirte...


Cómo decirte que me matan las ganas de ser tu musa

de que plasmes mi sonrisa en un trocito de pared

de que esculpas palabras, adoquines de un camino que te lleve a la Arcadia,

y a mí de tu mano.


Como decirte que te quiero no encontré otro placer

cuando tu mirada alumbra el rocío entre mis piernas

y el sabor de una noche se entrecorta en las papilas

que prueban a ser valientes.


Cómo describirte los sonidos de la duda,

los silencios del deseo y la ternura...

Como si no hiciera falta recurrir a la voz

como si mañana no hubiera distancia entre tú y yo.



Lucía F. Segura. Mayo 2008. (Época de decadencia)








miércoles, 14 de mayo de 2008

I never meant to do you harm

Se necesitan, a veces -y sobre todo a una semana de exámenes-, días en los que la línea musical y espiritual que lleves sea como esta canción:
Todo lo demás se hace un poquito más fácil. Qué poco cuesta, en realidad, querer un poco a quien te quiere, cuando le quieres querer.

jueves, 8 de mayo de 2008

Mañana lloverá (I)

Insistía en que de pequeña no la dejaban salir hasta más tarde de las diez, que llevaba aprovechando desde que se había ido de casa, y de eso hacía mucho tiempo y que se pillaba unas fiestas del copón, que no la importaba con quién se levantaba al día siguiente, que al contrario, le daba rabia que normalmente no se levantara con nadie, pero lo que más le molestaba era levantarse con algún conocido o amigo suyo. Estuvo contándole a aquel pobre chaval, de no más de veinte años que sólo quería pillar aquella noche, que su mejor amigo dejó de hablarla por haber follado una noche, y que lo pasó muy mal... y que -esto ya no sabía si creérselo- después descubrió que tenía toda su casa forrada con fotos de ella.


Marcos, el chaval veinteañero, llegado ese punto, decidió que no conseguiría llevársela a la cama, y además empezaba a no querer, le daba la sensación de que estaba loca. Por otro lado, esa locura le atraía y quizá fuera únicamente por esa locura por lo que esa mujer, de unos treinta, se había puesto a hablar con un mocoso como él. La chica se puso a relatar esas hazañas sin saludar ni nada, y Marcos, que ante todo era un caballero le dijo:


- Perdona, me está interesando mucho esto que me estás diciendo pero ¿cómo te llamas?


Al momento la chica se quedó callada y tardó unos segundos en reaccionar con una carcajada estridente que hubiera recibido las miradas de todo el bar de no ser por la música.


- Me llamo Icíar -dijo con media sonrisa- o Vanesa o Rocío o Carmen. Como tú quieras.

- No, yo quiero saber cómo te llamas realmente, o al menos cómo te gusta que te llamen.

- Bombón para tí, entonces.


Así que Marcos, al día siguiente, se preguntaba cómo despedirse del "Bombón" que se había tirado sin mencionar dicho mote, le parecía demasiado cariñoso para el momento, sobre todo después de haberse dado cuenta de que, aun con el pedo que llevaban ambos, uno de los dos había conseguido depilarle... No sabía exactamente por qué. Por suerte, el bombón estaba dormido y Marcos se limitó a buscar un boli y algo donde escribir. Dejó escrito en un trozo de papel higiénico: "Nos veremos por ahí. Marcos".


¡Qué gilipollez! -pensó después- Para eso no la dejo nota. Pero por alguna razón necesitaba que el bombón le tuviera en cuenta al despertarse. Quizá fuese por la tendencia un tanto pueril a fardar de sus logros, que habían sido pocos hasta el momento, en la cama; Marcos probablemente quería poder enseñar "su trofeo, su Bombón" a los colegas, aunque sabía que no pasaría nunca.


Salió a medio vestir de aquella habitación y de aquel piso, se vió en pleno centro y sin un duro para el taxi. Le esperaba un largo paseo mientras intentaba recordar cómo y qué habían hecho el Bombón y él esa noche.

domingo, 4 de mayo de 2008

Delicias de carbón (III)



Había dejado la puerta ligeramente abierta, como de costumbre, aunque en otoño no acostumbraba a recibir a nadie y esa puerta, desde siempre, por ser ella, invitaba a entrar. Invitaba a entrar por la luz que desprendía el hilo que se abría ante los ojos de cualquiera que pasara por allí, luz rojiza, como de lluvia de barro. Invitaba a entrar su cabello rizado, muchas veces revuelto por la energía de las sábanas o del viento que entraba por la ventana. Invitaba a entrar el aroma de su piel, tan diferente al olerlo de lejos o de cerca. Invitaba a entrar su mirada, triste y atrevida al mismo tiempo, libre y apenada, vidrio multicolor que hacía temblar. Invitaban a entrar sus piernas, delicadas, finas y blanquecinas, en las que se podía intuir el recorrido de las venas. Sus pechos, pequeños, turgentes, estáticos. Su vientre, su ombligo, su espalda, su cuello, su boca...
Incluso aquel día, a pesar de la imagen que más tarde sería imposible querer recordar, su rastro invitaba a entrar. Habría lamido cada milímetro de su cuerpo de tener tiempo y valor para esperar. Porque era yo quien la esperaba tras la puerta tras su pequeña muerte de cada día.

Me echó de la habitación con una lágrima bailando en sus pestañas, me dijo: "Sal, cariño, un momentín que tengo que arreglarme un poco, hoy quiero que disfrutes como nunca, por todo, por este amor que nos ha consumido y nos consume". Y ya fuera continuaba hablándome: "Yo te he querido muchísimo, y eso que nunca te pedí que dejaras a tu novia. Alguna vez me sentí mal por dejarte que la engañaras, pero luego pensaba: soy una puta, en fin, que si es con alguien mejor conmigo que nunca hay de por medio más que sexo. Pero qué mentira ¿verdad? Tú y yo nos hemos querido como no quisimos a nadie... Tú vuelves a casa con olor a mí y te rodean las preguntas sobre una posible amante, yo me quedo aquí, pensando en lo que hacemos mientras otros me lo hacen. No sé, a veces me gustaría cambiar lo que me pasa, y pedirte que la dejes, casarnos, tener hijos, o no, los hijos me dan igual, me importas tú... Porque... ¿tú la dejarías? Si yo te lo pidiera, quiero decir... Bueno, da igual, eso no va a pasar nunca...".

Me pidió que contara hasta cien antes de entrar, yo pensé que era otro de esos juegos que alguna vez utilizaba conmigo, para hacerme sufrir, porque yo quería amarla sin juegos.

Nunca supe perdonarme haber esperado detrás de su puerta a dejarla morir, sola.

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