jueves, 11 de marzo de 2010

"Soledad", García Lorca

Soledad pensativa
sobre piedra y rosal, muerte y desvelo
donde libre y cautiva,
fija en su blanco vuelo,
canta la luz herida por el hielo.

Soledad con el estilo
de silencio sin fin y arquitectura,
donde la planta en vilo
del ave en la espesura
no consigue clavar tu carne oscura.

En ti dejo olvidada
la frenética lluvia de mis venas,
mi cintura cuajada:
y rompiendo cadenas,
rosa débil seré por las arenas.

Rosa de mi desnudo
sobre paños de cal y sordo fuego,
cuando roto ya el nudo,
limpio de luna, y ciego,
cruce tus finas ondas de sosiego.

En la curva del río
el doble cisne su blancura canta.
Húmeda voz sin frío
fluye de su garganta,
y por los juncos rueda y se levanta.

Con su rosa de harina
niño desnudo mide la ribera,
mientras el bosque afina
su música primera
en rumor de cristales y madera.

Coros de siemprevivas
giran locos pidiendo eternidades.
Sus señas expresivas
hieren las dos mitades
del mapa que rezuma soledades.

El arpa y su lamento
prendido en nervios de metal dorado,
tanto dulce instrumento
resonante o delgado,
buscan ¡oh soledad! tu reino helado.

Mientras tú, inaccesible
para la verde lepra del sonido,
no hay altura posible
ni labio conocido
por donde llegue a ti nuestro gemido.

Quiero volar, para soñar que es mejor así...


En recuerdo, entre otros, de Alberto Madrid, un baterista que realmente pudo dar más y más y que falleció en un accidente hará unos años. De hecho, con lo poco que yo sé de batería, este hombre siempre fue para mí uno de los mejores.



miércoles, 10 de marzo de 2010

EX-

Hay cosas que, por mucho que lo intentemos o lo queramos, nunca estaremos preparados para perder ni para dejar. Por eso, a veces, alguien tiene que hacerlo por nosotros

Monólogos suspendidos VIII (de nuevo divagando)

¿De qué absurda tradición cultural o familiar viene la denomiada acción de "hacerse el/la tonto/a".?
Es una práctica nada agradable que no sé muy bien de quién la aprendimos, o quién fue el primero en usarla. No me gusta, señores, no me gusta, tener que callar cosas que bien pudieran salir al aire con naturalidad.

Ese miedo, señores, ese miedo a causar males... Una expresión que me resulta igualmente incompresinble: el mal menor. ¿El mal menor? Eso tiene que ser un truco publicitario, nunca hay males menores, todos son enormes, y molestan y duelen, y separan... A mí no me engañan con eso de: como es una tontería, para evitar males mayores...

Pues no, no no y no, me niego. Los males, si están hay que atravesarlos, hay que arrancarles los pelos de cuajo, y que se queden calvos; y si no se pudiera, siendo el mal demasiado grande, habría que correr, pero nunca huyendo, correr hacia delante.

Todos los demás casos, son imaginarios, tras un mal menor viene la culpa, viene la preocupación, la duda... Viene de nuevo el "hacerse el tonto".

Por eso, creo fielmente en eliminar el miedo ante males mayores, porque, seamos sinceros, nunca se queda ahí... Siempre, siempre, va a más.

Y sin embargo, algo en mi interior, incomprensible el Hombre, me invita a continuar haciéndome la tonta... Pero, señores míos, todos sabemos que lo sé.


Fotografía cortesía de la Diputación de Valladolid, pincha aquí para seguir la url.

lunes, 1 de marzo de 2010

No creo que ahora importe...

27/VII/07 – 3/VIII/07

Para Biff Loman, en su 30 cumpleaños.

Quizá sea más fácil
olvidar estas palabras
aquí ahora mientras
la tinta esté fresca
O utilizarlas para
las cartas de amor que
no escribiré a quien
no supo amar

Pero el destino que
las guardo es éste
Es defender la locura
que nos mueve
a ti y a mí
nos gobierna
Es mantener el encuentro
fortuito entre nuestras obligaciones
Es conocerse en el arte
con que el aire moldea
los cabellos de dánaes ifigenias
o berenices
Es resistirse a encontrar
límites a los deseos

Estas palabras se detienen
a mitad de curva
entre confesión y complicidad

Y su mensaje habita dos almas perdidas


**He mantenido intacto este poema que he querido rescatar de la privacidad de una "chavaluca" que escribía hará casi tres años. La dedicatoria también está intacta, y el mensaje no deja de ser una declaración de intenciones, venga de quien venga, y fuera a quien fuera. Hoy más que nunca, reitero lo aquí dicho.**

El marido de la peluquera

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