martes, 29 de abril de 2008

Delicias de carbón (II)


- Me ha dicho que me deja -creía entenderle entre lágrimas- que está harta de lavarme los calzoncillos que mancho con otra, que los dejo hechos unos zorros... que si no me da vergüenza, que si no tengo dignidad, que podría haberle sido sincero. Yo no quería, tú lo sabes, que yo no quería hacerla daño, yo la amo.

- Tú la amas como se ama mucha gente, la gente se ama con indiferencia, se ama con un estereotipo de que hay que amarse. Amor es lo que hay entre nosotros, eso sí es amor, no lo que tú tienes con ella. Con ella te lo montas, más o menos bien, y acabas destrozado después que ni pitillo ni tales acuerdos, que te duermes casi antes de acabar. Y eso no es porque estés cansado, como le dices tú a ella, eso es porque no la quieres de verdad. Porque cuando se quiere de verdad la gente, saca fuerzas de debajo de las piedras, tú y yo nunca hemos tenido ese problema... A mí acabas, no me dejas a medias.

- No, esto no tiene nada que ver con eso. Mi novia me ha dicho que me deja y lo que tú y yo tenemos, por mucho amor que sintamos el uno por el otro, no me sirve para salvarme.

- ¿Para salvarte de qué? Mira Santi, aquí no hay salvación... O te mojas o te quedas solo toda la puta vida. Si tu novia te deja es porque no funciona, hay más novias en el mundo... Hasta yo podría tener novia si me apeteciera, están todas salidas buscando con quién mojar un sábado por la noche; que llegan a los baretos ya con la braga fuera, ¡unas cerdas todas! Así que si se dejan agarrar con esa facilidad, será fácil también que alguna se te enamore.

- Y qué hay de mi amor, yo quiero enamorarme también, además, tú y yo nos enamoramos y no estamos juntos, a ver si me entiendes, juntos sí, pero juntos no.

- Que sí cariño que sí, que mañana volverá contigo, esa novia tuya no puede vivir sin ti, porque eres un trozo de pan, un sol, un amor... Eres una mierda de chaval pero ella así te quiere.

- Si tanta mierda soy, ¿por qué me quieres?

- Yo quiero no quererte Santi, quiero no quererte y te quiero sólo cuando estás aquí, cuando te vas te desquiero y no quiero quererte además. No quiero quererte nunca y por eso te quiero tanto cuando estás conmigo, para no tener que quererte después.

- Mañana iré a pedirla perdón.

- ¿Y vas a dejar de verme?

- Yo no he dicho eso.


(...)

Delicias de carbón (I)


Me siento florecer entre tus piernas, me dijiste. Qué insufrible manera de estropearlo todo, pensaba, yo no quiero que florezcas, si estoy contigo ahora mismo es porque la misma mierda nos ahoga, yo no quiero que me digas que conmigo te rescatas del fango, quiero que te lo tragues como me lo estoy tragando yo.

Qué curioso, te digo, a mí me pasa justo lo contrario cuando me dices eso; ¿es una forma estúpida de acabar la noche o es que te estás enamorando?. Amor no, no no, amor no -corroboras- yo nunca te he querido, decidimos hace mucho que lo nuestro era puro sexo, un folleteo esporádico, pero no sé cómo decírtelo, sí, sí que sé, ya te lo he dicho: me siento florecer. ¡No digas gilipolleces! -te grito guasonamente- ese "florecer" del que me hablas es puro morbo, que te pone que al otro lado estén esperando a entrar, con la bragueta más prieta que tú. Yo creo que no es eso -me dices pausadamente- tal vez sí, pero yo no lo siento de ese modo. Es que no tienes que sentirlo de ninguno, tú y yo estamos a lo que estamos, nada más, mañana yo seguiré con lo mío, tú haz lo que te parezca pero yo mañana no quiero verte, y me pensaré muy mucho volverte a ver.

Te levantas, te vistes y te acercas a la puerta con los zapatos en la mano.

- Esta noche quiero pagarte, hoy creo que has hecho tu servicio, no me has servido de nada, pero me he quedado agusto.

- Así es como tiene que ser, nene, así es y no de otro modo. Tú vienes, sueltas todo lo que tu novia no te deja soltar, pero sin chorradas de floreceres y demás mierda. Ya tengo bastante con quererte sin poder evitarlo, no eches leña al fuego. Ya hablaremos, mañana no, otro día.

- Ten, tu dinero.

- No nene, no hace falta, ya te ha quedado claro. Y ahora vuelve, tienes un rato más, creo que aún te quedan fuerzas, siempre has podido y hoy no va a ser diferente. El próximo tiene que esperar 15 minutos todavía, y a ése sí que le cobro. Ven, siéntate aquí... No te hagas de rogar, no quiero chantajearte pero ten en cuenta que no nos volveremos a ver hasta que a mí no me parezca.

Te sientas a mi lado sin mirarme, ¿qué voy a hacer yo para atesorar estos quince minutos?

lunes, 28 de abril de 2008

Ego ergo Yo, Narciso, y la malvada reina de Blancanieves


Egolatría, narcisismo, egoísmo, vanidad, prepotencia... Un sinfín de sustantivos que califican a una persona de poco humilde. Sin embargo, los verdaderos practicantes de esta moda no muy pasajera son humildes individuos que nos regalan su tiempo dándonos muestra de lo que valen.

Me considero practicante esporádica de este deporte de riesgo aunque reconozco, vanidosamente, que suelo acertar cuando me revelo de este modo. Una espera el momento exacto en el que hundir al compañero con aquellos juveniles: yo más.


A pesar de todo, hay veces que ni el eco nos responde. ¿Necesitamos tan fervientemente evitar el olvido? ¿Creemos que estampar nuestro careto o pensamientos en las paredes, las hojas, las pantallas de ordenador nos hará realmente irrepetibles, inolvidables? ¿Buscamos prevalecer ante todo y todos con argumentos ilógicos que ya sólo por el carácter ególatra que tienen carecen de importancia y de seguidores? ¿Tenemos que poner tanta pasión en destruirnos queriendo construir en los demás esa opinión que nos beneficie?


Encuentro que es difícil reconciliarse con uno mismo cuando se han pasado los límites de la ignorancia del mundo. Cuando uno se quiere mucho, y su ombligo se haya en pleno crecimiento porque mamá y papá no nos quisieron como debían (aunque parecía que nos querían más que nada y a nadie), porque la gente está demasiado ocupada en serse (forma extraña del verbo: yo me soy, tú te eres...) y no es para los demás, porque nadie nos corrigió y si lo hizo, a nadie escuchamos.


Así que voy dejando aquí lágrimas de ese ego que yo llamo INSEGURIDAD, para que me anulen o me reinventen, para que me odien o me quieran. Qué medida tan extraña esta de la equivalencia de egos. Yo soy más por ser yo que tú que al ser tú eres más por ser tú pero menos para mí.


Cada día me quiero más, porque cada dia voy consiguiendo que me quieran más, con el ego en su sitio, donde debe estar ni muy arriba ni muy abajo. No sé ya si esto es una crítica o una alabanza, si hacia mí o hacia el resto. Perdonádme si no pongo una foto de mi ego o de mi sombra, si no os muestro la debilidad, si no os dejo atravesarme con esos juicios que vosotros y yo conocemos.


Gracias por asumir que un yo no puede vivir sin esa pizquita de ego... Narciso se nos reparte para muchos, entiendo que esté mal repartido, podemos buscarle en el espejito, espejito... Pero siempre habrá un/a Blancanieves más guapa que nosotros/as.

viernes, 25 de abril de 2008

Plastifico tus cartas con esmalte de uñas...

No es que te odie, aún no, de momento sólo te echo de menos. Estoy a ver si me intoxico mientras plastifico tus cartas con esmalte de uñas, me acerco mucho al bote a ver si me da un mareo (otro). Y se corroe la tinta de tantos te quiero que sin embargo aún tengo en la memoria.
No es que te odie, nunca, yo te quiero. Incluso de lejos, incluso cuando el grifo de las palabras se queda sin cerrar del todo, y después de lo dicho van cayendo pequeñas perlas de esas que hacen mucho daño, justo en la frente, en el estómago o en el corazón, una tras otra: glock, glock, glock...
Tengo mucho cansancio acumulado, de este viaje tan largo, que ya me dura unos años, que me retiene y me vuelca, que me pone boca-abajo, es normal que tenga tanto mareo si encima me esnifo el tarro del esmalte transparente. Que te plastifico el alma como no me lo escribas menos y me lo digas más... Que me quieres, digo, yo te quiero, te lo digo siempre... Y ya sé que tú también, pero igual estás mareado del viaje tan largo.
Tan largo... Y las gotas en la frente, en el estómago o en el corazón... Como pequeñas gotitas que salen del grifo, de palabras era ¿no? No es que te odie, es sólo que te quiero, aquí lejos o allí cerca. Estoy cansada... Y se me acumula el esmalte porque te echo de menos...
Me estoy mareando.

martes, 22 de abril de 2008

Todo lo que hago lo hago por ti



Me vais a perdonar que no tenga nada más que decir hoy, recordé esta canción ayer según me despertaba. Lo sé, Bryan Adams es un poco pastelón, pero quién no ha escuchado esta canción y ha echado la lagrimilla...

lunes, 21 de abril de 2008

El Quijote se va de Castilla

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Se va, se marcha indignado, loco también, pero indignado. Harto de que se acuerden de él estas personalidades de nuestro país sólo cuando llega el día del libro. Y es que mi querido compañero, don Quijano, cree que Cervantes escribió algo más que un libro.
Como es tradición, el día 25 se hará una lectura continuada de Don Quijote de la Mancha, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Según me ha comentado el propio Sancho el otro día, El Quijote está que explota.
Y no es de extrañar, que le halaguen y le digan que su figura es, si no la más, una de las más representativas de España y que sólo se acuerden de él de este modo por estos motivos. Le dije a Sancho que intentara convencer a don Quijano de que todavía hay profesores de instituto que intenta involucrar a los chavales en esto del leer, y que lo intentan con El Quijote (lo de que pocos consiguen que les guste no se lo dije, a ver si Sancho se iba a deprimir, y después don Quijano). Le dije también que le explicara que hay fans en el mundo que aún se enfrentan a gigantes y no a molinos, que luchan contra vejigas (aunque ahora las hagan de plástico), que se ríen de los leones ( de los del Ministerio, aunque sea para reflejar la metáfora). Le dije, entre todo esto, que le comentara tantas veces como hiciera falta, que aún hay personas que se vuelven locas al leer libros y que no podría soportar que quemaran su biblioteca, y que no lo dicen sólo el Día del Libro.
Don Quijano, no se vaya de Castilla, ni de España, ríase usted, conmigo, con nosotros los que aún le queremos de verdad, de la hipocresía, de la ignorancia, de este leer sin saber qué se lee. Comente con nosotros las verdades de la vida, sus verdades, cuéntenos de nuevo qué molinos decidieron engañarle. Díganos dónde encontrar a nuestra Dulcinea, sáquenos de dudas y reconozca que usted no estuvo loco, acaso era el más cuerdo de todos. Señor, la viudez no nos es merecida para aquellos que seguimos aún sus batallas, sin Cervantes que las escriba.
Perdóneme, no es ni mucho menos un acto de desprecio hacia usted, pero yo, precisamente ahora, precisamente cuando los demás le leen, yo estos días, sobre todo el día 25, procuraré no leerle, ni recordarle… Prometo hacerlo, no obstante, el resto del año.
Lean.

sábado, 19 de abril de 2008

¿Cómo le llaman?

- Precisamente, el otro día hablaba con él y le mencioné.
- La verdad es que me da igual señorita, me da igual eso y cualquier cosa que me diga.
- No se ponga así, "la vida es hermosa" que dicen Les Luthiers...
- La vida es hermosa... ¿Qué vida? Me acaba de decir que ha leído lo que yo escribí.
- Pues claro que sí, lo he leído, tiene usted una prosa fantástica, a mí me gusta mucho. Sí es cierto que no es usted muy alegre, pero algo habrá que le haga feliz ¿no?
- La gente no se preocupa mucho por mi estado, y me sorprende que lo haga usted, de hecho, prefiero que no lo haga... Escribo mejor si estoy deprimido, y usted me alegra demasiado... Es muy estridente para lo que yo quiero a mi alrededor...
- Usted es muy extraño, señor.
- Ya lo sé, mire estoy escribiendo algo, muy interesante, pero se me han quitado las ganas con tanta felicidad que tiene.
- Oh, no no. Si quiere le aporto unas lagrimitas...
- Ellos no valoran lo que hago, y eso me ayuda a seguir escribiendo. Ya me han puesto mote... Poco original desde luego. Me lo han puesto porque hablo poco, y digo cosas obvias, o eso dicen ellos. Que no tengo alma dicen, que soy una máquina de la tristeza. Y por eso me pusieron mote.
- Oiga, y ¿qué mote es ese? ¿Cómo le llaman?
- ... El Idiota.

martes, 15 de abril de 2008

Nevermore

- Mire, yo no quiero saber si usted tiene migrañas mañaneras o simplemente la botella de absenta acabó vacía a las tres de la mañana. Su vida personal me da igual. Yo quiero saber por qué razón está ese bicho plantado encima de la puerta.
- (...)
- Yo a usted le pido explicaciones. Se supone que es escritor, se me parece más a un personaje de una novela que leí hace un tiempo... no recuerdo su nombre, estaba en ruso... el caso es que era un asesino, y ese bicho que hay encima de la puerta, desde luego, le une más a esto último, por raro, que a lo primero, por raro también... Son rarezas diferentes, me parece a mí.
- (...)
- No quiero explicaciones más que de por qué ese bicho está ahí. Mire señor, mi paciencia se está agotando. Y aquí hace mucho frío. ¿Pero no se da cuenta de que tiene las ventanas abiertas? Que se le están volando hasta las cortinas. No debería estar yo aquí a estas horas. Y a ver si paga usted la factura de la luz.
- (...)
- No quiero abusar, señor. Me parece usted una persona interesante, y en ocasión más venturosa podríamos llegar a entablar una buena conversación. He oído cosas de usted, dicen por ahí que tiene ciertas... adicciones. Pero eso a mí, como le he dicho, me da igual. Yo quiero razones.
- (...)
- ¡Ay Dios mío! Usted es imposible. ¿No va usted a contestarme verdad? ¿No va a hablar?
- Nunca más.

martes, 8 de abril de 2008

¿Qué es poesía?

- Mil perdones, don Gustavo, por no entender lo que usted me dice. ¿Acaso es ésa una respuesta?
- Verá, señorita, debería dejar de hacerse tantas preguntas.
- Quizá tenga razón, don Gustavo, pero es que usted no me ha explicado, con lo que dice, nada de nada.
- Tengo la impresión de que no le he contestado lo que usted quería, sin embargo, mi respuesta es tan válida como cualquier otra...
- Oh no, desde luego que no, si se trata de validez, su respuesta ha de ser mucho más importante que tantas otras.
- Quizá sea así, señorita, no lo sé. Esta vida que llevo no sé si me dará para llamarme "importante".
- Yo hubiera pensado lo mismo, pero verá, usted va a ser mundialmente conocido, sus palabras serán traducidas a diversos idiomas, llevará la bandera del Romanticismo, aunque no quiera -y yo también odiaría que así fuese, al fin y al cabo, usted es algo más que un par de palpitaciones en el pecho. Personalmente, yo le encuentro harto atractivo a la vista, pero sus palabras me recuerdan mucho a las de un poeta que yo conozco. Sin embargo, no quiero quitarle el mérito, ni a usted ni a él.
- Está bien, está bien señorita, que se me anda por las ramas. Al cabo, ¿qué quería usted saber?
- Ah, sí señor... ¿Qué es poesía?
- Poesía... Poesía eres tú.


Por una desanimada romántica

sábado, 5 de abril de 2008

Considerando en frío, imparcialmente



Considerando en frío, imparcialmente,
que el hombre es triste, tose y, sin embargo,
se complace en su pecho colorado;
que lo único que hace es componerse
de días;
que es lóbrego mamífero y se peina...

Considerando
que el hombre procede suvamente del trabajo
y repercute jefe, suena subordinado;
que el diagrama del tiempo
es constante diorama en sus medallas
y, a medio abrir, sus ojos estudiaron,
desde lejanos tiempos,
su fórmula famélica de masa...

Comprendiendo sin esfuerzo
que el hombre se queda, a veces, pensando,
como queriendo llorar,
y, sujeto a tenderse como objeto,
se hace buen carpintero, suda, mata
y luego canta, almuerza y se abotona...

Considerando también
que el hombre es en verdad una nimal
y, no obstante, al voltear, me da con su tristeza en la cabeza...

Examinando, en fin,
sus encontradas piezas, su retrete,
su desesperación, al terminar su día atroz, borrándolo...

Comprendiendo
que él sabe que le quiero,
que le odio con afecto y me es, en suma, indiferente...

Considerando sus documentos generales
y mirando con lentes aquel certificado
que prueba que nació muy pequeñito...

le hago una seña,
viene,
y le doy un abrazo, emocionado.
¡Qué más da! Emocionado... Emocionado...


CÉSAR VALLEJO - ESPAÑA, APARTA DE MI ESTE CÁLIZ (Poemas Humanos)




Durante la Guerra Civil Española, Miguel Hernández (conocido poeta y dramaturgo), republicano militante, es encarcelado con sentencia de muerte. Un amigo suyo, del bando contrario, José María de Cossío, moverá los hilos para que Hernández no sea ejecutado. Sin embargo, a pesar de haber conseguido que le eliminaran la pena de muerte, Miguel Hernández muere enfermo en la cárcel.

Por otro lado, es conocido el episodio de la muerte de F. García Lorca. Tras la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, Lorca habla con la que fue amante de éste, augura su propia muerte. Tras su estancia en Madrid, en compañía de Pepín Bello (el resto de la generación estaba en Santander), se marcha a su ciudad natal, allí se ve más seguro. Al llegar a Granada, es perseguido. Poco tiempo después de su llegada, Federico García Lorca sería, al parecer, cruelmente asesinado. ¿Quién movió aquí los hilos? Parece ser que los vecinos y propietarios cercanos a la casa de los García Lorca.

CONCLUSIÓN: ¿Cómo y a quién llamaríais el enemigo?

viernes, 4 de abril de 2008

Honestamente...


Se sienten boca a boca, cara a cara bajo el sol...





En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo...

Foto: Marcos Carrasco

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