martes, 29 de julio de 2008

Llanto por un sentimiento que no sentía


Te devuelve consecutiva el llanto congelado
y atraviesa tus manos de abril
en un agosto acelerado
esta cansada noche febril

Para tí mi ayer y hoy para mí tu mañana
alejado, alejada así de todo o de nada

Te devuelvo lo que nunca ha sido mío
y si es tuyo o del aire lo ignoro
Despechado el que no ama Desafío
cuerpo a mente de tus lágrimas

jueves, 24 de julio de 2008

Necesidades



No necesito nada más que la Verdad
y nada menos
la solución es compleja
y no siempre esperamos lo que
verdaderamente nos espera
pero la Verdad es ante todo
llave de muchas puertas
y si el Amor está en algún sitio
es detrás de alguna de ellas.

domingo, 20 de julio de 2008

Mañana lloverá (III)

El Bombón no estaba en el garito, aunque Marcos decidió echarse unos tragos antes de salir en su búsqueda.

A las tres copas se le acercó un tipo con aspecto de chulo y con cara de yonki que le invitó a su cuarta copa, extrañamente. En contra de lo que su apariencia le decía a Marcos de aquel tipo, mantuvieron una conversación amena, bastante superflua, pero amena, tampoco es que Marcos quisiera filosofar aquella noche. El tipo parecía estar sobrio, a pesar de su llegada a la barra con un tambaleo propio de una buena tajada. Al finalizar la copa, un vodka negro con granadina para Marcos y un whisky a palo seco para su imprevisto acompañante, éste se giro completamente hacia Marcos y le dijo:


- Mira chaval, más vale que no tardes en decirme dónde está Carla.


Marcos no supo, al principio, de qué o de quién hablaba el chulo con cara de yonki y supuso que la sobriedad era sólo aparente. Pasados unos segundos, sin embargo, Marcos empezó a pensar que le hablaba del Bombón.


- A ver si crees que esta copa es por tu cara bonita. Espero que me digas dónde está Carla antes de que me caliente. Tienes pinta de ser un mocoso con la picha brava, por eso te lo pregunto antes de sacártelo a hostias. El otro día te vi como salías de aquí con ella y no la he vuelto a ver desde entonces, así que empieza a cantar chaval, que no tengo toda la noche.


Definitivamente era el Bombón. A Marcos le hubiera gustado contestar a aquel tipo con una frase elocuente del estilo a "a mí también me gustaría saber dónde está", pero efectivamente y al menos al lado del chulo-yonki, parecía un verdadero mocoso al que, con una mínima palabra, le reventaría la cara. Así que, sin saber si había escogido bien, le dijo:


- No tengo ni idea de quién era, no me dijo ni su nombre, y yo tampoco sé dónde está. Sólo pasamos la noche juntos, me fui nada más despertarme.


El tipo parecía no haber oído lo que Marcos dijo, no se movió, ni cambió de gesto, ni siquiera dejó de mirarle, como si esperase aún la respuesta que Marcos ya le había dado.


- Pues muy bien, chaval, muy bien. Ahora tú y yo nos vamos a dar una vuelta, a charlar, y a ver si encontramos a Carla. Levanta.


Marcos tenía las piernas clavadas a la barra, las rodillas estaban hundidas en la madera. Aquel tipo le agarró del brazo de modo que a vista de cualquiera pudiera pensarse que Marcos iba borracho y le estaba sujetando. Y realmente, el miedo le hacía parecer ebrio. Salieron del garito sin vacilar.


martes, 8 de julio de 2008

Mañana lloverá (II)

Probablemente hubiera sido la mejor noche de su vida... De no ser porque era mentira. Lo sabían todos menos él. Aquel Bombón nunca existió en la envidia de sus colegas ni de sus ex. Y Marcos ya no estaba seguro si existía para él.


Lo cierto es que no recordaba nada, salvo el antes y el después, y eso, en su opinión, era una consecuencia habitual en los sueños. Pero pensó Marcos que el Bombón era demasiado imperfecto para ser soñado, los sueños de Marcos dejaban secuelas infinitamente mejores que las que recibió de ella. La verborrea del garito fue tremendamente insoportable aunque la ilógica nota tras el polvo amnésico parecía sacada de una novela penosa de las que venden en los quioscos.


Tampoco es que Marcos quisiera reencontrarse con el Bombón -que a fin de cuentas, pasados los días y la resaca, no era tan Bombón como él quiso ver- pero tampoco quería quedar como un notas delante de sus amigos. En otra ocasión seguro que lo hubiera dejado pasar, pero esta vez él creía que era real, que era cierto, aunque empezara a dudarlo. Así que se decidió a encontrarla, en algún sitio. ¿Dónde? Empezaría por el garito de aquella noche, de mala música pero gran ambiente.

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