domingo, 8 de noviembre de 2015

I'll be looking at the moon...

Y si no recordamos a quien se fue, sino a quien está por venir...


I'll be seeing you
In all the old familiar places
That this heart of mine embraces
All day through.

In that small cafe;
The park across the way;
The children's carousel;
The chestnut trees;
The wishin' well.

I'll be seeing you
In every lovely summer's day;
In every thing that's light and gay.
I'll always think of you that way.

I'll find you
In the morning sun
And when the night is new.
I'll be looking at the moon,
But I'll be seeing you.

I'll be seeing you
In every lovely summer's day;
In every thing that's light and gay.
I'll always think of you that way.

I'll find you
In the morning sun
And when the night is new.
I'll be looking at the moon,
But I'll be seeing you.

domingo, 25 de octubre de 2015

No habrá paz...

No en las calles o las plazas de esta ciudad, donde los pasos recuerdan también otros viajes, ciudades con nombre, tu nombre. Ni en cada rostro, cada palabra en el aire de la gente que pasa, cada paraguas roto en una papelera triste. Tampoco en este sol que sostiene el otoño entre sus rayos, que va dejándonos sin la libertad del viento que nos empujó a alejarnos.

No habrá paz en la costumbre que esté por venir, ni en mi paciencia joven, ni en tu vieja inquietud; en el intento absurdo de aplacar la ira dando los mismos pasos, por las mismas agendas, como si repetirlos borrara su sentido, su infinito sentido de amor triste, sincero y triste, y único.

No habrá paz aunque los días continúen su paso calmo y queda, su estrepitoso argumento a favor de lo que tuvo que ser. Aunque la vida entienda el gran favor que gana por la persona que pierde, y doy fe de que lo entiende. 

No habrá paz... Y sin embargo el cuerpo se prepara, se revuelve e insiste en combatir, se desgasta en comprensiones que le son ajenas, lucha, en busca del momento en que gritar sus razones, porque está seguro de que no lo entiendes, de que estás perdiendo, de que te has salvado. 

No habrá paz y el alma reserva un espacio, pequeño, casi imperceptible, para guardar esa guerra que quiere mantener contigo, porque habéis perdido ambos: ella su claridad y tú las alas. Y en ese espacio se recoge algunas noches, para arañar rincones y cerrar persianas. Y ese espacio, esa guerra, todo lo que no es paz, sabe a ti.



domingo, 4 de octubre de 2015

Interruptores

Hace unos meses, en otra vida en realidad, tuve que cambiar un interruptor porque, por hache o por be, el anterior había acabado roto (la verdad es que no me gustaba nada aquel modelo). Se trataba de un interruptor que, meses después, descubriría que no volvería a pulsar jamás. 
Este interruptor, sin embargo, es otra de esas muchas cosas que han terminado siendo un aprendizaje, como no podía ser de otra forma, y por eso tuve que ser yo quien cambiara el interruptor (bien es cierto que nadie más lo haría si no, para qué engañarnos a estas alturas).

Para que nos entendamos, ocurría que aquel interruptor encendía una luz de techo y otra de pared por lo que, tanto el original como aquel por el que iba a ser cambiado, eran interruptores dobles. No obstante, debido a mi por entonces desconocimiento sobre la materia, compré el nuevo considerando exclusivamente que a simple vista dispusiera dos interruptores en una sola caja de luz, como así fue.

El día que me dispuse a cambiarlos estaba sola; para mi sorpresa, era en ese estado en el que yo me sentía más útil, puesto que no tenía que sentir vergüenza por ser más útil que nadie a mi alrededor. Saqué mi cajita de destornillador y cabezales intercambiables con imán -a esta sí que la echaré de menos, siendo como va a ser tan poco utilizada- y me dispuse a desatornillar y desmontar el interruptor viejo. No hubo ningún problema.

Y ahí estaba, al desnudo, tres cables blancos, indefinidos, pelados, absurdos. Lo primero que pensé al verlos fue: siendo cada uno tan insulso como los otros dos, cómo voy a saber dónde conecto cuál. Pero ese no era mi problema mayor y realmente el desconocimiento es tan valiente que no pensé, ni por asomo, marcar los cables de algún modo.


Conecté dos y un interruptor encendía una de las luces. Conecté el tercero y el interruptor encendía y apagaba las luces alternativamente. Algo fallaba, había conectado todo, tenía todo aparentemente controlado, colocado en su sitio, los cables parecían estar a gusto en sus correspondientes huecos... Pero algo fallaba. 

Algo estaba siempre encendido, pero también algo estaba siempre apagado. No había oscuridad pero tampoco una luz completa. Ahora la luz del techo sólo podía funcionar si la de la pared estaba apagada y viceversa. Eran luces claramente incompatibles. 

La solución vino en forma de llamada a un experto en esto de los cables, la luz, la electricidad y lo que falla; que siempre falla por algo. Mi labor era encontrar la naturaleza de cada cable, identificar su función, señalar su origen. Pero me faltaba algo. Me faltaba algo que uniera la fuente de energía con la que satisfacer las necesidades de cada interruptor, y que pudieran estar apagados o encendidos ya fuera a la vez o por separado. Armonía dentro de un interruptor doble que deje salir la vida por donde fuera necesario, sin que uno de ellos tuviera que vivir siempre sin el otro.

La solución fue un cable puente, de color gris. Un cable puente chiqutín que no ocupara mucho espacio dentro de la caja del interruptor, porque los cables que ya había allí lo llenaban todo, de manera caótica e insulsa. Ese cable puente lo puso todo en orden. Su origen era desconocido, pero seguro que no procedía del mismo sitio que los otros cables, blancos, acurrucados incómodamente como un bebé no nato de nueve meses.

Y he aquí el aprendizaje: cuando dos cables no pueden funcionar en la misma honda y uno debe apagar para que el otro encienda, no hablamos de un interruptor doble, hablamos de dos interruptores simples. Es necesario encontrar ese cable, de origen desconocido, que lo armonice todo. Y si no hay cable, no puedes volver a usar ese interruptor jamás. Como hice yo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Punto de partido

Si algo no ha perdido Woody Allen con los años es su capacidad de escoger la mejor de las músicas para sus películas. Con Match point hizo un trabajo magnífico. Aquí una muestra.

Y aquí la letra:

Mi par d'udire ancora
o scosa in mezzo ai fior
la voce sua talora
sospirare l'amor!

O notte di carezze,
gioir che non ha fin,
o sovvenir divin!
Folli ebbrezze del sogno, sogno d'amor!

Dalle stelle del cielo
Altro menar che da lei,
La veggio d'ogni velo,
Pender li per le ser!

O notte di carezze!
gioir che non ha fin,
o sovvenir divin!
Folli ebbrezze del sogno, sogno d'amor!

Divin sovvenir, divin sovvenir!

Carta de amor... a uno mismo


viernes, 25 de septiembre de 2015

A mí me gustan las personas curvas...

Hay enseñanzas que llegan de quien menos imaginas, muchas veces sólo permanecen esas enseñanzas y las personas ya no están ni se las espera. Y esta en concreto, debo agradecérsela a "Biff Loman".


Las personas curvas


Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.

A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!

Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.

Y la paciencia es curva.

El pan es curvo
y la metralla recta.

No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!

El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.


Jesús Lizano

domingo, 20 de septiembre de 2015

A veces mis palabras no bastan...

...y uso las de otros que mejor supieron encajar los golpes y darles forma de verso.

¿Triste? No exactamente

[Te esperaba en la estación
con el corazón
colapsado,
acosado
de un hambre atrasada]

Primero se irá tu voz.
Llegará un momento
(y llegará sin avisar,
como un despertador
que truena que es hora)
en que ya no seré capaz de recordar
cómo sonaban tus preguntas,
ni qué música tenía tu sonrisa.

Después se irán los olores.
Me preguntaré,
una mañana,
de qué textura
era el aire que yo respiraba
en tu cuello cuando bajabas
del autobús.
Y no sabré responderme.

Pasará el tiempo.
Y se me nublarán los ojos.
Y ya no sabré en que lado de tu espalda
relucía aquel lunar que me gustaba tanto.

Lloverá,
viajaré.
entraré y saldré de otras vidas,
romperé cristales,
me arañarán, un poco, tal vez,
mientras entorno la puerta,
y de ti entre las manos que te van perdiendo
me quedarán sensaciones,
el tacto.
Y el tacto también se irá.

Se amontonarán los años
y ya no podré decir que tus labios eran
como salir del colegio un viernes por la tarde.
Para recordarte tendré que recurrir a metáforas sin lustre,
de esas que se guardan en el stock,
entre el olvido y las telarañas,
donde todo es más triste.
Metáforas de Dante de veinte duros,
adjetivos sin dientes,
porque el recuerdo no alienta imágenes nuevas.
Diré que tus labios eran suaves, húmedos, cálidos,
que se parecían a una flor o al primer vuelo
de un pájaro por la mañana,
y todas esas cosas que en realidad no dicen nada,
porque el pasado es una sombra que no tiene voz.

Se irán, en último lugar, todas las cosas que hicimos,
cuando todo lo que encendiste en mis sentidos
se apague y no quede un ascua
que mantenga vivo el fuego
de la memoria.

Olvidaré las conversaciones.
Olvidaré dónde te encontré por primera vez.
Olvidaré tu alegría que era como una primavera,
tus manías, tu forma de caminar,
la ropa que te quitaba,
los trozos de tu piel (tímidos mundos suaves) donde mis besos
hacían brotar pequeñas hogueras rojas.

Despacio irás desapareciendo
y yo no podré sujetarte.

[Y tal vez dentro de muchos años,
en otra estación
alguien que será yo,
viejo y cansado,
te verá aparecer una tarde
por un pasillo de la memoria,
como un espejismo sin nombre. Y recordará
desde la lejanía, a través del polvo
de las vidas que ya no fueron,
tu rostro joven como un destello de luz,
un paseo de la mano, las nubes, el aire,
y el sol que te aclaraba
el color de los ojos. Volverás
atravesando el olvido como una bala,
y en silencio interrogaré al vacío
buscando tu nombre
mientras la brisa te lleva de vuelta
al lugar donde duermen los recuerdos soleados de los ancianos].

Miguel Ángel Chica García, abril de 2014.

Pause

Hace varias semanas que la ciudad se ve extraña, enrarecida. Ni las calles son aquellas que hasta hace poco me daba igual transitar o no, ni la gente parece ir al mismo ritmo, ni aquellos que se quedan marcan la diferencia con respecto a aquellos que se van.
Se van, quizá, los que menos deberían irse para darle sentido a una ciudad tan extraña ahora, tan rara. Se quedan aquellos que nunca estuvieron, que pasan de largo hacia ninguna parte, que escogen a quien siempre está aunque se haya ido como morada inútil en la que refugiar la culpa.

Pero todo está cubierto por un velo que se siente como los dedos después de chupar el azúcar pica-pica de una gominola: pegajoso, nunca dulce, más bien amargo e incómodo. Y lo que más se desea es poder lavarse las manos para evitar inundarlo todo de esta sensación; sin embargo, a esta ciudad ya no le quedan fuentes donde mojar las lágrimas o limpiarse las manos.

Así que aquellos que se quedan pero nunca estuvieron deambulan con las manos sucias y los que quieren irse pero nunca podrán irse del todo lloran ya lágrimas secas. Aquí nada ya tiene sentido y cada paso es un recuerdo inexacto, una duda constante, una ciudad extraña. Es el momento de apretar el botón...

"PAUSE"


lunes, 7 de septiembre de 2015

Otro sitio donde caer


Are you blind?
Blind to me trying to be kind?
Volunteering for your firing line
Waiting for one precious sign
The flicker of a smile
You should try it just once in a while
It's simply too easy to do
And you might not see it through
See it through

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you
Find another place to fall

Are you proud?
To have founded a brand new behavior
With hatred and hurt as your savior
But nobody's choosing to follow
So you choke back the tears and you swallow
Men who have ruined your life
You consume them with minimum strife
But now you have got indigestion
The antacid comes as a question

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you
Find another place to fall

There isn't much more I can say
For I don't understand the delay
You're asking for friendly advice
And remaining in permanent crisis
Affection is yours if you ask
But first you must take off your mask
When you're backs turned I've decided
I'll throw it away just like I did

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you

Find another place to fall

domingo, 6 de septiembre de 2015

Una y no todas

Muchachas que buscabais
el gran amor, el gran amor terrible,
qué ha pasado, muchachas?

Tal vez
el tiempo, el tiempo!

Porque ahora,
aquí está, ved cómo pasa
arrastrando las piedras celestes,
destrozando las flores y las hojas,
con un ruido de espumas azotadas
contra todas las piedras de tu mundo,
con un olor de esperma y de jazmines,
junto a la luna sangrienta!

Y ahora
tocas el agua con tus pies pequeños,
con tu pequeño corazón
y no sabes qué hacer!

Son mejores
ciertos viajes nocturnos,
ciertos departamentos,
ciertos divertidísimos paseos,
ciertos bailes sin mayor consecuencia
que continuar el viaje!

Muérete de miedo o de frío,
o de duda,
que yo con mis grandes pasos
la encontraré,
dentro de ti
o lejos de ti,
y ella me encontrará,
la que no temblará frente al amor,
la que estará fundida conmigo
en la vida o la muerte!

Las muchachas, Pablo Neruda. Los versos del Capitán.

Cuadernos de viaje

- Cenaremos en (...), pagaremos porque sea un gran recuerdo de Barcelona.

- Lo ha de ser: lugar muy agradable, iluminado por ella. Los pesudónimos no son forzosamente otra persona, ni siquiera otra identidad. Ella aguarda la cena con ojillos llorosos. Ya llega el té frío, con su aloe y su jengibre, antesala del convite. No he conocido a nadie que sepa más que (...) de especias y sabores.

- Y sin embargo, sigo sin descifrar su sabor especial y especiado.

- Para goce mío y amor mutuo... Que también el viaje es un regreso.


Citas célebres XVIII

La cura para todo es agua salada: sudor, lágrimas o el mar.

Isak Dinesen


jueves, 3 de septiembre de 2015

Septiembre es un mes de resumen

Lo que no dan ocho años, lo aportan casi diría que ocho horas. Una vez que sabes que los cimientos no estaban donde debían, que el arquitecto hizo como hacen muchos arquitectos hoy día: te proyectan un edificio y para cuando no se tiene en pie al llevarlo a efectos, resulta que se fueron con la pasta a la otra punta del mundo; una vez que sabes esto, lo demás sólo viene a abundar en la materia.

Es curioso cómo algunos hechos en la vida parecen pasar de puntillas hasta el centro de una sala, en la que esperan sentados hasta que te des cuenta de que han llegado. Para cuando te das cuenta, todos son conscientes de estos hechos menos tú. Ahí sentados, parecían parte del mobiliario, algo intrínseco a la habitación en la que en algún momento habías decidido entrar a vivir. Has sabido convivir con extraños que resultaban, por otro lado, tan familiares...

Llegados al punto en el cual te percatas de la existencia de estos hechos, en realidad, no te queda más que presentarte a ellos con educación y respeto (llevan tanto tiempo como tú ocupando aquel lugar) y servirles una bebida. Quizá mantener una pequeña conversación con ellos, probablemente presentárselos a tus amigos y conocidos (algunos hasta se sorprenderán de conocerlos).

Para entonces, sientes que algo y/o alguien sobra en tu habitación y seguramente ese alguien seas tú, que has venido a meterte en una habitación demasiado ocupada, que poco o nada tiene que ver con el tipo de habitación que tú necesitas: la cama te viene pequeña y apenas tienes mantas con las que cubrirte en las noches de soledad e insomnio, el espejo devuelve una imagen que no identificas como tuya, sobre la mesa no hay más que anotaciones de datos, personas, fechas... Una lista de nombres que no comprendes, pero que te irrita, ¿acaso en esta habitación no vivo sólo yo? ¿Con cuánta gente he tenido que compartir esta habitación? ¿Será esta la razón de que resulte tan pequeña, tan limitada? Un armario lleno de falsos recuerdos, esos que te ponías cada día, porque te resultaban cómodos. 

Decides que los hechos ocupan demasiado, que aquella habitación no te gusta en absoluto y que compartirla con tanta gente te supone una falta de respeto hacia ti mismo y tu espacio, tu vida. Así que les propones a los hechos que te acompañen allá donde te diriges ahora: sin destino, sin ninguna certeza, salvo la de no volver allí. Los hechos, contentos porque han conseguido tu atención después de tantos años, te agradecen el gesto, te cogen de la mano y al unísono te susurran: puedes contar con nosotros, somos lo único que no cambiará pase lo que pase.

Salís despacio y con paso firme de aquella habitación, cierras con llave y después la cuelas debajo de la puerta. Algún día puede que se te olvide aquella sombra antropomórfica que trataba de ocultarte los hechos sentados en el centro de la sala. Con el tiempo, olvidarás la habitación, la pequeña cama, el espejo alienante, el armario lleno de falsos recuerdos. No dentro de mucho, te darás cuenta de que entraste por la primera puerta de un largo pasillo y de que, si no quieres, los fantasmas como aquella sombra de la antigua habitación no tienen por qué acompañarte, y no deben. 

VERITAS LIBERAT NOBIS

...y comiendo pipas.

Hace poco un buen amigo, al que había dejado olvidado injustamente en ese cajón paralelo al que uno vuelve en circunstancias adversas, y yo, filosofábamos sobre el sentido de la vida y la existencia del mundo y el universo; lo hacíamos bajo una luna llena anaranjada, que poco o nada tenía que ver con un día tan lluvioso como el de hoy, salvo por esa melancolía que ambos despiertan en el alma. 
En fin, allí estábamos decidiendo si el día de mañana seríamos sólo energías cambiantes y ocupantes de otros seres, con o sin cuerpo, con la certeza de que en otros mundos que se nos escapan en el espacio y en el tiempo existen entes tan inteligentes o más que nosotros (a mí no me cabe duda de que más, puesto que la raza humana, si bien en su conjunto parece avanzar, a título particular va de culo y cuesta abajo, en mi humilde opinión particular -o sea, de culo y cuesta abajo-).

Como es de esperar cuando uno trata estos temas tan poco útiles para lo cotidiano, tan abstractos y tan de hipótesis incomprobables, inferencias imposibles, la conclusión no llegó por resolución sino por agotamiento. El ser humano se agota, por definición, de no concluir nada a partir de sus argumentos (tanto así que esa noche yo dormí como un lirón, de lo cansado que tenía el cerebro, y me consta que mi buen amigo así lo hizo también).

Y al resolver terminar con la conversación, pudiera parecer que a modo de "gracieta fabulesca", pero con un sentido ulterior que por suerte a mí, quizá con la trascendencia afincada en mi cabeza hasta unos minutos más tarde, no se me escapó, mi buen amigo exhortó, tan ligeramente que pareciera que ese primer motor, ese Dios, ese algo que insistimos en que haya creado el mundo, nuestro mundo, le hubiera puesto las palabras en la boca, como resumiendo lo que va a ser de la vida al acabarse el verano, sobre todo en este Santander tan nuestro (les recomiendo alguna lectura de Álvaro Pombo para conocer ese Santander "nuestro"): "Ahora la gente se pasa el día...
haciendo el nada
y comiendo pipas
".

Y así es como el universo compensa la ineficacia del ser humano, a sabiendas de que no le interesa que descubramos el sentido de la vida, porque si lo hacemos, se habrá acabado el mundo...



martes, 25 de agosto de 2015

Llámalo destino

And why not death rather than living torment?
To die is to be banish'd from myself;
And Silvia is myself: banish'd from her
Is self from self: a deadly banishment!
What light is light, if Silvia be not seen?
What joy is joy, if Silvia be not by?
Unless it be to think that she is by
And feed upon the shadow of perfection
Except I be by Silvia in the night,
There is no music in the nightingale;
Unless I look on Silvia in the day,
There is no day for me to look upon;
She is my essence, and I leave to be,
If I be not by her fair influence
Foster'd, illumined, cherish'd, kept alive.
I fly not death, to fly his deadly doom:
Tarry I here, I but attend on death:
But, fly I hence, I fly away from life.

Escena primera de Los dos caballeros de Verona, W. Shakespeare.


No me pediste...


Yo no te pido que me bajes
una estrella azul,
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.

Yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar,
sólo te pido que tú quieras
las palomas que suelo mirar.

De lo pasado no lo voy a negar,
el futuro algún día llegará
y del presente, qué me importa la gente
si es que siempre van a hablar.

Sigue llenando este minuto
de razones para respirar;
no me complazcas, no te niegues,

no hables por hablar.

Yo no te pido que me bajes
una estrella azul,
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.

lunes, 24 de agosto de 2015

Para empezar... diré que es el final


Para empezar diré que es el final
no es un final feliz, tan sólo es un final
pero parece ser que ya no hay vuelta atrás.

Sólo te di diamantes de carbón,
rompí tu mundo en dos,
rompí tu corazón
y ahora tu mundo esta burlándose de mi.

Miedo de volver a los infiernos,
miedo a que me tengas miedo,
a tenerte que olvidar.

Miedo de quererte sin quererlo,
de encontrarte de repente,
de no verte nunca más.

Oigo tu voz siempre antes de dormir,
me acuesto junto a ti y, aunque no estás aquí,
en esta oscuridad, la claridad eres tú.

Miedo de volver a los infiernos,
miedo a que me tengas miedo,
a tenerte que olvidar.

Miedo de quererte sin quererlo,
de encontrarte de repente,
de no verte nunca más.

Ya sé que es el final, no habrá segunda parte.
Y no se cómo hacer para borrarte.

Para empezar diré que es el final.

Miedo de volver a los infiernos,
miedo a que me tengas miedo,
a tenerte que olvidar.

Miedo de quererte sin quererlo,
de encontrarte de repente,
de no verte nunca más.

Y aquí en el infierno
oigo tu voz. 

sábado, 22 de agosto de 2015

Mar antiguo

Recuerdo de momentos olvidados hace muchos años, que es necesario recuperar para cerrar el círculo.
 
Dejé la estepa
cansado y aturdido;
pasto de la ansiedad
no hay otros mundos
pero si hay otros ojos,
aguas tranquilas,
en las que fondear.
Mar antiguo, madre salvaje,
de abrigo incierto que acuna el olivar.
muge mi alma, confusa y triste;
ojos azules en los que naufragar.
Te he echado tanto de menos
patria pequeña y fugaz;
que al llegar cruel del norte el huracán
no se apague en tu puerto el hogar.
Mar antiguo, madre salvaje,
en tus orillas de rodillas rezaré.
tierra absurda que me hizo absurdo,
nostalgia de un futuro azul en el que anclar.
Triste y cansado, con los viejos amigos
el vino y el cantar;
mientras quede un olivo en el olivar
y una vela latina en el mar.
Viejos dioses olvidados
mantenednos libres de todo mal.
Mar antiguo, dios salvaje
de la encina y del gris olivar.

martes, 18 de agosto de 2015

Éluard, nuevamente

Escribir dibujar inscribir

                               III
Soñé la primavera y ésta se volvió negra
También el hierro en verano en el fruto ennegreció

Yo habría podido perder los colores
Que me imponían ser yo mismo y lo que amo

Yo habría podido perder el poder
De saber el peso del blanco y del negro

Una flor reluce en medio de la primavera
Se oxida la lluvia la roe y paso al verano

Las cosechas ardieron nuestros son los renuevos
Flor y fruto de memoria tienen fuerza de futuro

Supe pasar tres años y millares de años
Viviendo como viven los soles tras ponerse.

Ahora me levanto porque te has levantado
Rosa del fuego sobre las cenizas del fuego
Y mi amor es mucho mayor que mi pasado.

lunes, 17 de agosto de 2015

Últimamente...

Últimamente ando algo perdido,
me han vencido viejos fantasmas,
nuevas rutinas.
Y en cada esquina acecha un ratero,
para robarme las alhajas, los recuerdos,
las felicidades.
De un tiempo a esta parte
llego siempre tarde,
a todas mis citas,
y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme,
de un tiempo a esta parte,
me cuesta tanto, tanto, tanto no amarte.
Últimamente ando desconcertado,
así que ponte a salvo,
porque en este estado ando como loco,
y me enamoro de mujeres comprometidas,
llenas de abrazos, llenas de mentiras.
De un tiempo a esta parte,
a mi amor propio algo le falta,
lo has dejado unos puntos
por debajo del de Kafka,
y la vida me parece una fiesta
a la que nadie
se ha molestado en invitarme.
De un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto,
me cuesta tanto no amarte.
Últimamente planeo una huida,
para rehacer mi vida
probablemente en Marte,
seguro que allí no hay nadie
empeñado en aconsejarme,
Ismael qué te pasa
no estudias, no trabajas,
y qué vamos a hacerle,
si es que últimamente ando algo perdido
si te necesito,
si de un tiempo a esta parte,
me cuesta tanto, tanto, tanto,
me cuesta tanto no amarte.
Han de venir tiempos mejores,
cometeré más errores,
daré menos explicaciones
y haré nuevas canciones,
en las que te cuente como, últimamente,
son tan frecuentes tristes amaneceres,
ahogando mis finales
repetidos, cansados, miserables,
llenos de soledades,
si de un tiempo a esta parte
me cuesta tanto, tanto, tanto,

me cuesta tanto no amarte.

viernes, 14 de agosto de 2015

La lluvia

Se trata de un estado de latencia punzante
es amargo y se atraviesa en la garganta
una capa en la piel de la que aún no distingo el color
no sé a qué color huele, a qué color sabe
a pesar de estar lamiendo mis heridas.

Penetra en silencio si reapareces
tropiezo con ella en el espejo
y me mira
llora gotas de mercurio
que no resbalan nunca hasta el suelo
ni se evaporan en el aire.

Yo recojo esas gotas en este absurdo nocturno
camino las llamas de este fresco recuerdo
que se eleva por dentro y en el paladar anida.

Sospecho que así no resuelvo
ni el significado oculto
ni la indiferencia extraña
a que hemos venido a obligarnos.

Si has alcanzado tu sombra recorriendo el silencioso apego
entre las sábanas que ya aceptan otras fragancias,
permanece, cambiante, bajo esa capa.

Si no, permíteme entonces que limpie mi piel
bajo la violenta lluvia de esta noche de verano
antídoto breve de este largo encuentro que duró tantos años.


lunes, 10 de agosto de 2015

Fragmentos de un pasado agorero

24 de marzo de 2009.
(...)

Subí a lo más alto de tu voz inquieta
allí he tocado siempre tu penumbra y tu soledad tranquila
y esta vez me esperaban mis monstruos
mis miedos lejanos y mis despechos

La lágrima cae y yo me pregunto:
¿Qué ocurre cuando el amor vuelve sin dueño?


sábado, 8 de agosto de 2015

Cambio de juego

Quién pudo saber que el vacío no era peor que la nada
quién iba a pensar que el latido estaba allí 
desde el principio luchando 
por entenderse con una lógica tan absurda como necesaria 
Quién pudo predecir que la soledad estaría más concurrida que la vida 
a tu lado.
Es como sentarse en las piedras que abrazan el río 
encontrando siempre una aún más grande 
donde podrías haberte sentado más cómodo.

Y aun en la tibieza del aire conjugado a media noche 
como si sus partículas pesaran tanto que es imposible moverlas
ni tan siquiera sacarlas de los pulmones 
sólo para introducir unas nuevas
reaparece tu rostro preclaro anunciador

Se comunica conmigo a través del agua 
de las pupilas tan viejas ahora
tan tristes
Y aprieta entre sus dientes un absoluto innombrable
una pared de viento
un suspiro de amargura

Ese rostro se lamenta ante sí mismo
se retuerce entre mareas lunares
se ofrece ante un espejo juez
y parte

Y explota en sangre 
se extiende en dudas
Y tras su nada se atisba una voz

Lo siento.

domingo, 2 de agosto de 2015

La flor de mi secreto

Amor
Yo sé que quieres llevarte mi ilusión
Amor
Yo sé que puedes también
llevarte mi alma
Pero ay amor
si te llevas mi alma
llévate de mí también el dolor
lleva en ti todo mi desconsuelo
y también mi canción
de sufrir
Ay amor, si me dejas la vida
déjame también
el alma sentir
si solo queda en mi dolor y vida
ay amor, no me dejes vivir
lleva en ti todo mi desconsuelo
y también mi canción de sufrir
Ay amor, si me dejas la vida
déjame también
el alma sentir
si solo queda en mi dolor y vida
ay amor, no me dejes vivir
No me dejes vivir.

sábado, 1 de agosto de 2015

Creep

Por alguna razón que se me escapa, llevo un par de días con esta canción incrustada en la cabeza. Se trata de una versión de la canción de Radiohead "Creep", a cargo de la Postmodern Jukebox junto a Haley Reinhart.

Os la dejo aquí para el disfrute.


jueves, 30 de julio de 2015

M. en Granada

22 de marzo de 2009.

Hacia todos los sitios se había ido
    y con él los que fuimos nadie en su ausencia.

Alguna vez intentaron convencernos
    de lo incierto y desmembrado de su estancia
    pero aún los vientos reconocían su voz.

Para él fue un recuento de tempestades
    y nosotros contábamos la calma que permanecía.

Jamás volvió con esas tempranas lluvias
    que velaron a los nuestros.

Hacia todos los sitios se había ido
    y sin él se quedó la absurda idea
    de que nunca quiso quedarse.




Gepanzertes Herz | Benedetti

Weil ich Dich habe und nicht habe.
Weil ich an Dich denke.
Weil die Nacht die Augen offen hat.
Weil die Nacht vergeht
und ich 'Liebe' sage.

Weil Du gekommen bist
um Dein Bild zu holen
und Du besser bist als alle Deine Bilder.

Weil Du vom Fuss bis zur Seele schön bist.
Weil Du von der Seele bis zu mir gut bist.
Weil Du die Süsse hinter den Stolz verbirgst
klein und süss, gepanzertes Herz.

Weil du Mein bist
Weil du nicht Mein bist.
Weil ich Dich so sehr anschaue und sterbe.
Und schlimmer sterbe ich
wenn ich Dich nicht anschaue.

Weil Du immer überall existierst.
Aber Du existierst besser dort wo ich Dich liebe.
Weil Dein Mund Blut ist.
Und weil es Dir kalt ist.
Ich muss Dich lieben, Geliebte.
Ich muss Dich lieben.

Auch wenn diese Wunde doppelt schmerzt.
Auch wenn ich Dich suche und nicht finde.
Und auch wenn die Nacht vergeht
und ich Dich habe und nicht habe...


miércoles, 18 de febrero de 2015

Retorno sin fuga

Sí, dejé de escribir. Dejé de escribir hace mucho tiempo. A mis veinticinco años, dejar de escribir durante más de uno es mucho tiempo, y yo llevo probablemente también más de dos y de tres sin escribir.
Y no dejé de escribir para leer más. Reconozco que en mi vida los libros han estado, durante estos años, marginados a momentos casi semejantes a la furtividad del onanismo de la adolescencia. Dicen que los buenos escritores escriben incluso cuando no escriben, pero yo no encuentro razones para avalar dicha teoría, por lo que, entiendo, no tengo pinta de ir a ser una de ellos.

¿Por qué dejé de escribir? Lo desconozco. Quizá, si hago un esfuerzo por ofrecer lógica a algo que se fue tan ilógicamente como vino, pueda argumentar que perdí a mi interlocutor, por llamarlo de algún modo, que no era yo, o tal vez sí, pero no me daba cuenta. Si escribía para mí misma, entonces no hubiera tenido problema en continuar haciéndolo en la más absoluta intimidad, como he leído libros últimamente, como el placer onanista de la adolescencia. Pero no ha sido así.

Creo que el verbo “dejar” no se ajusta del todo a lo que me ocurrió. “Cesar”, “parar”, son términos que resultan más idóneos. Porque no “dejé” la escritura tras una discusión –no eres tú, soy yo- o después de encontrarme a mí misma lejos de ella. No la “dejé” por otra, por la pintura, la bebida, las mujeres. Simplemente, “cesó” en mí la escritura más que cesarla yo a ella. Salió de mí, ya no a través de mis ojos o mis manos, mientras le daba forma en un papel o una pantalla; entonces, salió de mí a escondidas, sin que yo la viera. Finalmente puede que sí sea correcto utilizar el verbo “dejar”, el error es pensar que “yo” es el sujeto. Ella me dejó a mí y no al contrario.

Durante estos años, estoy convencida, se acordó de nuestra relación en momentos muy concretos. Venía a mis pensamientos (o yo a los suyos) y algo en mi interior me lanzaba a propiciar ese estado de ánimo previo a iniciar un proceso “escritorial” o “escriptivo”; pero su recuerdo hacia mí era tan breve que, en cuanto me aproximaba a ese momento, punto sin retorno, en el cual se plasma la primera palabra –comienzo de un auschreiben más que de un schreiben sin más-, ella dejaba de recordarme y yo dejaba de querer escribir. Así, repetida pero no frecuentemente a lo largo de estos años, las ganas iban y venían sin ningún resultado palpable.

Esa supuesta pérdida de interlocutor vino a dejarme sin alguien que recibiera mis necesidades, necesidades estas de la psique y no literarias, estas últimas fueron medianamente saciadas con libros y horas de automatismo filológico. Y esta es quizá otra de las razones de la pérdida de la escritura por mi parte; puede parecer infantil, un desentendimiento de las responsabilidades propias, pero la experiencia universitaria que me tocó transitar fue, sin lugar a dudas, perjudicial para la relación entre la escritura y yo. La literatura se convirtió en procesos administrativos, trámites cuatrimestrales de comprobación de logros, pero sobre todo, decepciones constantes ante los (supuestamente) poseedores del conocimiento.

El hastío, la inapetencia, en definitiva, la mediocridad, es probablemente, el vicio más fácilmente transferible de unos seres a otros. Y yo no era ni mejor ni peor que cualquier otro ser, por lo que el hastío, la inapetencia, en definitiva, la mediocridad de mis maestros fue directamente a parar a lo más profundo de mi genio creador. De nuevo, otro error: considerar que aquellos eran, ni por asomo, mis maestros.

El tiempo, para mí prolongado, que ha pasado desde que la escritura rompiera conmigo hasta ahora, ha asfaltado encima de aquellos adoquines despegados del suelo que fueron mis años de estudio universitario (ojalá alguien me hubiera apercibido y yo hubiera aprovechado esos años para otras cosas, pero, en fin, lo hecho hecho está) con una película impermeable de non plus ultra, o mejor, para este caso, non plus infra. De aquí hacia arriba ha de ser todo. De aquí, hacia delante.

Por ello, he reabierto mi altar a los manes y he puesto en él mis ofrendas para que la escritura, que ha vuelto a mí como amiga, desconfiada, eso sí, tras nuestra ruptura, decida esta vez quedarse. Para que a mí, de aquí en adelante, no me cueste iniciar mis próximas palabras.

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