miércoles 10 de febrero de 2010

Todo a merced del público imperante

Como todo hijo de vecino, acostumbro a vivir experiencias más o menos cotidianas. Lo típico: vengo, traigo, compro, hago, visito, hablo...
Pues bien, viene siendo un suceso de rigor que todo lo que se habla con la gente del entorno acabe siendo conocimiento de gente out off-entorno. Mis experiencias, por cotidianas que sean, deben tener el trato de no ser, una por una, milimétricamente, al dedillo que se dice, comunicadas a los conocidos, amigos, queridos, compañeros, de las personas que o bien han vivido esos acontecimientos conmigo, o bien han sido partícipes de una conversación en la que yo he comentado el suceso.
Porque una se plantea la posibilidad de que la intimidad haya desaparecido, y que reza todos los días para que sólo sea conocimiento del público imperante la experiencia cotidiana, y que la gente del círculo íntimo no acabe por contar cosas de las que se prefiere guardar una estricta confidencialidad.
Por otro lado, es entonces, cuando suceden estas cosas de las que darse cuenta a tiempo, que cuestionas la validez de las relaciones que ostentas para con tus allegados. Si aquella/s persona/s que consideras íntimas comparten las experiencias que vives con ella/s con otras personas, quizá sea que esas otras personas son aun más íntimas e importantes que tú. Porque eso sí, está claro que cuando tú le cuentas a alguien toooodo lo que haces con los demás, es porque ese alguien es importante para ti.
Conclusión: si alguien te toca los c******s con eso, lo mejor es que dejes de comentar y vivir experiencias con él/ella. Y así te evitas ser su tema de conversación con otras personas, o que te utilice para sus peripecias diarias. Asimismo, evitas que cuando te presentan a esas personas " a las que tú no conoces pero tu interlocutor sí" sepan más de ti que tú mismo, sólo por lo que se ha hablado de ti, y te digan: "No no, si yo ya te conozco" o "Me han hablado mucho de ti" (Y por qué a mí no de ti).
Hasta la vida privada está a merced del público imperante. Yo prefiero que, de ser así, se me paguen derechos de autor.

jueves 4 de febrero de 2010

The Long Goodbye



Lazy - THE LONG GOODBYE

P.D.: Espero que la SGAE no me cobre

domingo 31 de enero de 2010

La exclusividad a la cabeza de la cultura

No es que lo haya comentado ayer por primera vez, ni mucho menos, estos conceptos vienen ya de largo, desde que empezó a interesarme la cultura como un bien a recuperar. Sí señores, digo recuperar, como lo leen.
Y lo digo así porque en esta ciudad (y me quedo en casa, pero escandalizados los ojos que miran hacia otros lares) la cultura ha sido lapidada. Tenemos la suerte de que día a día parece que surgen pequeños resquicios de cultura, en personas concretas (nada de instituciones) que vienen sin contaminar de su propia creación virgen; lamentablemente, la pretensión de exclusividad derrumba las intenciones, las puras intenciones de estos nuevos creadores. La gente ya no sueña, carga desde el principio con los pesares de los MALOS CREADORES que se dedican a destruir lo que crean los demás.
Estos dos términos, exclusividad de la cultura y malos creadores, están íntimamente relacionados. Pues se da el caso de que la exclusividad de la cultura en esta ciudad está en poder de los malos creadores. Y ya me dirán en manos de quién iba a estar si no.
Los verdaderos creadores no sólo no tienen problema con que sus congéneres hagan lo propio, "au contraire", están encantados, desean que la cultura prolifere, crezca, madure, se pueda disfrutar verdaderamente en grupos humanos que se desconocen, sólo unidos por el gusto común, por la sensibilidad al arte... Y no porque Menganito me dijo que Fulanita tenía que estar metida en esto de la cultura, porque me hizo un favor (en otro momento te digo de qué tipo) y hay que hacerle un hueco; - Pero Zutanito, por favor, que Fulanita es una pésima artista, eso lo ve hasta Revilla; - Ya lo sé ya, pero desde mañana esto es la crema de la intelectualidad, diga quien lo diga... Y vaya crema.
Y Fulanita, Menganito, Zutanito y el otro son siempre las mismas personas (bajo anonimato aquí para evitar que los identifiquen y los metan en la cárcel). Cárcel porque es de crimen hacerle esto a la Cultura. Aquello de Groucho de llegar a las más altas cimas de la miseria es verídico y comprobable. Tengo amigos que pudieran ser grandes creadores, reconocidos y apreciados (y no sólo por lo humildes y simpáticos que son, porque eso es muy subjetivo). Pero la "culturatería" de Santander lo hace imposible.
Y esta "culturatería" se compone de personajes "ennobiliariciados" (dícese de aquellos personajes que se quitan nombres o apellidos o lo que haga falta, y se incrustan tres o cuatro "de" o algún que otro guión para decir que vienen de la alta nobleza, como hace unos siglos, ya saben); de personajes que se dedican a otro tipo de negocios (sobre todo personajas, aunque me toque de lleno en el género); rapiñas o, más bien, "garrapiñas" más atentas a los esputos creacionales del prójimo que a los propios... y perdónenme la metáfora.
La única salvación es que, hasta el momento, la culturatería sólo dispone de dos ojos y dos manos para retener las buenas obras, y de vez en cuando se escapan los ratoncillos creadores por entre los dedos y las pestañas de estos individuos. De vez en cuando, y hay que saber verlo, podemos disfrutar de verdadera cultura. Y para mí, sin necesitarla, ESA CULTURA ES LA QUE TIENE LA EXCLUSIVIDAD.

sábado 23 de enero de 2010

Hope For Haití Now

Leo en un foro, no sin cierta sorpresa, que una mujer ha tenido intención de donar una cantidad de dinero desde su banco para los afectados por el terremoto en Haití. Leo también, de ahí mi sorpresa, que la chica del banco que la atendía, recibiendo órdenes, le ha dicho a la pobre mujer y su buena intención que donar conlleva 7 euros de gastos por trámite "porque transferir dinero tiene un impuesto, aunque sea una donación para un desastre".
Es triste, es muy triste. Que mi compañía de telefonía móvil me escriba, bien para ofrecerme un tarifa nueva (y sus gastos), bien para decirme que si mando un sms a tal sitio dono casi 2 euros por la causa de Haití. Y yo no me siento nada mal por no hacerlo, porque sé que eso no es ayudar.
Para mí, si pudiera, ayudar sería echarme la mochila a la espalda y mover escombros de aquí para allá, buscando supervivientes. O al menos, saber que en Haití se está haciendo algo. Porque por mucha comida que llegue, parece que ésta no llega a quien debería.
Se están conjurando en esta tragedia un montón de asuntos turbios que a mí me generan rechazo. Y el reflejo de esos asuntos turbios es que tu banco se quiera lucrar por donar dinero para una buena causa...
Es curioso que a Haití hayan llegado antes los periodistas que la ayuda (que bien podría haber ido la una con los otros en el mismo paquete). Ese dinero que se paga al periodista para que cubra una noticia, bien podría haberse dedicado a los damnificados, ¿o no?
Ahora, en un pequeño foco de esperanza (aunque ya no sé si está todo preparado), los grandes actores, directores y demás artistas en L.A., se han unido para recaudar fondos en un programa que se ha retransmitido ayer denomidando "Hope for Haití Now". Brad Pitt, George Clooney, Clint Eastwood, Matt Damon, Julia Roberts, Steven Spielberg, Steve Wonder, Sheryl Crow, Beyoncé, Rihanna, Jay-Z, Shakira, Sting, Robert de Niro, Morgan Freeman, Jack Nickholson, Keith Urban, Bill Clinton... Todo unidos en un "teleton" para recaudar los fondos de los espectadores que deciden llamar y donar por la causa de Haití.
He podido echar un vistazo al programa, cuyas canciones serán vendidas a 99 céntimos por itunes. De entre ellas, y para hoy, rescato esta colaboración entre Beyoncé y Chris Martin (voz y piano) de la canción "Halo" de la artista.

martes 19 de enero de 2010

Cartas del vivir. Rilke

A Merline

Martes 28 de septiembre de 1920

[...]Es un combate atroz mantener lejos de mí las más legítimas influencias que podrían doblegar mi clara y firme voluntad. De este combate salgo a veces destrozado, pero me repito que entre las promesas fundamentales de nuestro amor había una, sobre todo, la de no forzar nunca nada y doblegarnos a las exigencias del momento. En efecto, tomando, por así decir, en nuestras propias manos esta felicidad iniciada, seríamos quizá los primeros en destruirla; ha de permanecer sobre el yunque de su creador y bajo los golpes de su laborioso martillo. Depositemos toda nuestra confianza en ese admirable artesano. Es verdad, sentiremos la sacudida de su instrumentos implacablemente manejado, siguiendo las reglas de un arte consumado; pero, de vez en cuando, como recompensa, nos invitará a admirar su obra favorita, conducida por él a su perfección final. ¡Cuánto la hemos adminrado ya esa primera vez! Apenas somos los colaboradores de nuestro amor. Por eso mismo, permanecerá por encima de los peligros triviales.

Intentemos conocer sus leyes, sus estaciones, su ritmo y la marcha de las constelaciones a través de su dilatado cielo de estrellas. ¡Perseveremos, amiga mía, perseveremos y admiremos!

Sé muy bien que al hablarte así se nos impone una muy desigual tarea: eres demasiado mujer para no sufrir infinitamente la dilación del amor que esta tarea parece implicar. Yo, en cambio, recogiéndome en mi trabajo, me aseguro los medios de mi más definitiva felicidad; tú, como contraste, por lo menos en este momento, al regresar a tu vida, la hallas sembrada e invadida de deberes medio petrificados. No te desanimes, querida mía. Mira, todo eso cambiará. Gracias a la transfiguración de tu alma, poco a poco transformarás también los obstáculos que te presenta la realidad. Lo que te parece impenetrable tú lo harás transparente gracias a tu corazón ardiente... Pero de momento, no pienses demasiado en ello y, en horas de niebla, no te des permiso para enjuiciar la vida, puesto que esa misma niebla no te permite verla en toda su amplitud y vastedad. [...]



A Merline

Viernes 17 de septiembre de 1920

Y déjame creer, amor, que te sostengo día y noche, y que sientes que no te abandono ni por un instante.

domingo 17 de enero de 2010

Monólogos suspendidos VII. Por los que se quedan...

Últimamente, la gente cercana a mí está recogiendo los frutos del trabajo más antiguo del mundo: morir.
Y digo trabajo porque, salvo contadas ocasiones que, al menos a mí, me causan una envidia sana de esas personas que sienten que la muerte es lo mejor que les puede pasar llegado un momento, en general morir nos cuesta trabajo.
Y no sólo a los que mueren, sobre todo a los que se quedan.

No voy a entrar en discusiones sobre a dónde vamos cuando morimos, si pasamos por un proceso de metempsicosis, o nos esparcimos en átomos tendiendo a infinito, o por el contrario nuestra alma se reúne con el Creador, el de cada uno, por supuesto. Lo que quiero plasmar hoy 17 de enero es esa inquietud que nos transmite la muerte.
Es una paradoja que el estado de mayor quietud y calma al que podemos aspirar provoque en nosotros los momentos de mayor zozobra.
La gente que, de momento, permanece tras la pérdida de un ser querido debe quedarse con toda esa inquietud de la que el fallecido se desprende. ¡Qué dolorosa es y a la vez que sea así siempre la muerte para los que nos quedamos!

¿Qué importa si el hombre debe sufrir más y más? ¿Cuántas veces tendremos que perder a las personas que más queremos? ¿Qué más da si nos quedamos solos? ¿Qué importa todo esto si podemos decir que gracias a nosotros los Hombres se van en paz?
El Hombre da al Hombre la extremaunción que necesita para no volver jamás. Qué importa si nosotros estamos tristes, si los que se van, se van felices...

***
Hoy quiero enviar desde el blog un abrazo especialmente cercano a todos aquellos que han perdido recientemente a un ser querido. Muy especialmente a Paula e Igor y toda la familia. Para vosotros, para "él" -Paula, Igor-, y en memoria si cabe de Aurelio García Cantalapiedra, dejo aquí estos versos:

Para quienes nunca se fueron
Necesito tu hombro amigo donde apoyar
la pesada carga de este viaje inútil.
Necesito tu mirada para dejar constancia de este caos.
(Si la tuviera escribiría sólo palabras de compromiso.)

Y sé que de mí ya no quedarán huellas mañana,
sé que mañana no me acordaré de ella,
pero hoy, hoy, dejaría enseguida mis escasas murallas.
Estaría dispuesto a entregarme a cualquier ritual sangriento.

Necesito tu hombro amigo para apoyar
mis pensamientos prójimos, lejanos.
Tu presencia es este eco
donde duerme mi voz,
donde huyen los versos ateridos de frío.

Mario Crespo López, Perfume para Piedras, 2004.

sábado 16 de enero de 2010

SGAE. Sociedad Gorrona de Autores Execrables

Hasta los bolillos. Esto no tiene freno. No acostumbro a posicionarme, pero cuando lo hago, lo hago tajantemente.
La "Sinde-dos de frente" se está pasando tres pueblos, como no la quiten del meollo, esto va a acabar muy mal. Para los políticos que no saben de política, sólo diré una cosa (y ténganlo como un consejo, no como una reprimenda, aunque bien podría): Los jóvenes no acostumbran a votar, es algo que les parece ajeno y nada provechoso (baste ver los resultados, nunca son como deberían ser), pero si se nos toca las narices (y antes decía "acostumbran" porque yo sí voto y ahora digo "nos" porque me toca las narices), actuamos. El hecho de que los escandalosos derechos de autor que propone el Gobierno estén irritando tanto a la juventud sólo va a conseguir una cosa: que los jóvenes voten y que no voten por vuestro/s partido/s.
Entiendo que debe haber unos derechos de autor inalienables, que cada obra tenga su propiedad y que ésta no se vulnere. Pero ¡ojo! porque aquí los que están pidiendo dinero y lo están cobrando no tienen vergüenza. Y si no, que alguien me diga cuántas canciones de Ramoncín (que ahora dice que no se le mente, todo el día mareando y ahora parece que somos los demás los que nos acordamos de él por ciencia in-fusa, semifusa y corchea), cuántas canciones, decía, de Ramoncín se ha descargado de internet y ha grabado en discos que después ha vendido. O cuántos de sus conciertos en directo ha grabado (que no sea el de los lechugazos y "pedruños" que le tiraron hará unos tres años, del que por cierto se piró indignado, como si alguien de los que contemplaron estupefactos su entrada al escenario hubiera querido que fuera, estaban todos esperando que no apareciera, como era lógico), y luego ha extendido por la red. Cuánta gente sería capaz de hacerlo de él y otros "musiquillos" que van a sangrarte hasta por las pestañas: NADIE. ¿Pero no se dan cuenta de que si no se les piratea, a estos tipejos de la música no se les va a comprar ni una mísera capa de CD legible? ¿No se dan cuenta de que están yendo contra sí mismos?
Ahora con las páginas web. Qué está ocurriendo... Ahora que tve ha decidido eliminar la propaganda/publicidad (AJENA) de su programación han pensado para ellos: ¿y de dónde sacamos los beneficios que la publicidad daba? Es deprimente, esto cada día se parece más a un tribunal de Censura. Y nos estamos poniendo la mar de estupendos...
Pues les diré algo a todos los ultra-pro-mega-derechos de autor: Si hay que hablar de propiedades hablemos, con propiedad. Ustedes están usando todos los días un idioma que viene de antaño y que quizá deberíamos empezar a cobrar todos los españoles de nacimiento, la lengua materna debería tener un canon, al fin y al cabo, usted está hablando una lengua que es también mía, así que pague al ciudadano. Cada vez que usted exige que se cumpla una Ley con la misma encima de la mesa, está basándose en una Constitución que bien sabe que usted no promulgó... Paguemos a sus creadores y a los suceros de éstos. Si sale usted en la tv, está utilizando un invento que tampoco ha creado, pague a los familiares del primer hombre que supo grabar en vídeo. Cada vez que cierra una web, está afirmando implícitamente que ha visitado dicha página y por lo tanto hecho uso de los servicios que oferta (aunque fuera por un mínimo de tiempo), por lo tanto, corra con los gastos del cierre y sus multas.
O vayamos más allá... Usted declara que la música de X persona no puede ser extendida allá donde El Señor perdió las sandalias sin ningún provecho para el mismo. Pues páguenos a los ciudadanos españoles el recuento correspondiente de lo que cobre a quien los extienda, dado que si no llega a ser por nosotros, tal X persona no escucharía su música ni en la ducha de su casa. Si no es por nosotros, que hacemos demanda, la oferta sería nula y por lo tanto nulos los beneficios. Así que acostúmbrense a hacer buena cultura, a promover buenos espectáculos, bolos en directo, sin play-(broke)back, a que los escritores cobren por su trabajo lo que merecen desde el principio y que no sean las editoriales las que ganen más dinero, porque volvemos a lo mismo (al final gana dinero el que menos trabaja). Acostúmbrense a no dar el cante con espectáculos tan escandalosos como nuestras participaciones en Eurovisión, a hacer una televisión que todo el mundo quiera pagar de la buena calidad que ostenta, a que nuestros culturetas piensen un poco y no juzguen un delito cometiéndolo.
Está todo inventado señores... Tendríamos que andar pagándonos a nosotros mismos, a la Naturaleza por poder respirar. Así que dejen de tocar los bajos fondos, que la saca se os está llenando y los bolsillos empiezan a sonaros mejor que vuestra música.
Gorrones!

miércoles 6 de enero de 2010

El hombre hecho guitarra

Me han sugerido que inserte un video de Jimi Hendrix en el blog. Me ha parecido una gran idea, lo que ocurre es que hacia el minuto y medio me he quedado sin habla, probablemente sin funciones motrices... Y me ha llevado un rato dejar plasmado lo que aquí arriba se muestra.
INCREÍBLE

martes 29 de diciembre de 2009

Racionalizaciones estúpidas II. Racionalizaciones (y estúpidas)

De nuevo, me sorprendo pensando en ESE tipo de gente. Ya sabes de quién estoy hablando, entre tú y yo, la gente E.G.O.
Y no me refiero a un nuevo sistema educativo, que después del Plan Bolonia, ya sería la re-leche. NO
Me refiero, como bien sabrás, a esa gente que hace, deshace y rehace única y exclusivamente por y para sí. Habla de sí misma hasta creerse lo que se dice, explica sobre sí todo lo que los demás, según cree, quieren saber. Llega, incluso, al punto de desarrollar tonterías que de largo pasarían por discursos políticos de no ser porque suelen llevar la palabra: piruleta o rojo o caramelo en ellas.
Lo que me lleva a pensar que quizá esta gente lo que echa de menos es su infancia. Porque en ningún momento de nuestra vida se nos atiende más que en nuestra infancia. Después pasamos a ese estado de incomprensión general que termina por dejarnos en la más absoluta de las soledades humanas y que intentamos solventar con arrumacos y demás género romántico pero que finalmente acaba con la muerte, que es solitaria y solitarista.
Pero me estoy desviando de lo que venía a decirte, estamos hablando de racionalizaciones y estúpidas. (O estúpidos, ojo, que los hay a mogollón, también).
Entiéndeme bien, no estoy acusando a todo aquel que expone una pequeña parte de sí en sus escritos, o en sus fotografías, o incluso en la mayor nimiedad de la red; de hacer esto, iría contra mí misma, y eso sería desacreditar lo que pueda tener de verdad este texto. Me refiero a la gente que considera que lo más interesante, en todo momento, es su yo.
Tras estos meses de lectura de un libro que, en mi más humilde opinión academico-literaria, dista mucho de ser la erudición de la sabiduría oriental pero que te acerca en cierta medida a este mundo, he podido comprobar que la ya mencionada sabiduría queda muy lejos del concepto de yo. Por otro lado, echar tierra entre la gente que peca de excesivo E.G.O. y diferenciarme de ella tan fácilmente no sería justo, porque caería en la misma cesta del E.G.O. Pero este mundo occidental que me envuelve me complica la tarea de perdonar la soberbia hasta tales límites, por mucho que me empeñe en igualarnos a todos... En ese sentido, podría decirse (si de una raza aparte se tratara en cuanto a estos personajes) que soy un pelín racista. No soporto el yoísmo, el E.G.O., la sed de narciso, el espejo cegado de la ¿verdad?...
No lo soporto. Y como no lo soporto. Creo que aquí ha terminado lo que pretendía ser una acusación y casi ha acabado pareciendo una apología por el medio del "predica con el ejemplo" de los millones y millones de bloggeros, facebookeros, tuentieros, etc etc que sólo y repito SÓLO pueden hablar de sí mismos, cuando tanta gente ha hecho y dicho tantas cosas que ellos jamás comprenderán (porque esto último suele ser inversamente proporcional). He dicho.
(Y ahora, me excomulgue quien quiera excomulgarme)

miércoles 23 de diciembre de 2009

Tenías razón

"Tenías toda la razón...

A pesar del amor que albergo,
hay un resquicio de odio tan ardiente como aquel,
y no se va a ir nunca

Salvo que deje de quererte
o empieces a quererme tú a mí, sin condiciones."

jueves 26 de noviembre de 2009

De los saberes del mundo... II

Para nosotros el conocimiento humano es lo que un taoísta llamaría conocimiento convencional, porque no creemos saber nada en realidad a menos de poder representárnoslo por medio de palabras o por algún otro sistema de signos convencionales como la notación matemática o musical. Semejante conocimiento se llama convencional porque es cosa de acuerdo social acerca de los códigos de comunicación.

A. Watts, El camino del zen, EDHASA, Barcelona, 1971, pág. 23

En la búsqueda de lo que se ha venido a llamar "philosophia perennis" o filosofía perenne, encontramos que las sabidurías orientales nos acercan, en similitud, a cierta forma del empirismo occidental. Se nos aleja de la concepción social del pensamiento humano y, por ello, de la representación icónica o simbólica de lo que pensamos. Para las sabidurías orientales no-duales, el conocimiento no tiene por qué ser plasmado en ningún medio de comunicación o representación, simplemente es conocimiento.

lunes 23 de noviembre de 2009

Mañana lloverá (VI)

Si ya parecía suficiente con el chulo del garito, Marcos no estaba dispuesto a dejar tirada a la poli, si le habían llamado, aunque fuera a caerle el mayor marrón de su vida, tenía que ir.

Y así lo hizo, se presentó tan pronto como supo desembarazarse de la preocupación nocturna que le había atado a la cama, con los ojos como platos, mirando directamente al techo, en el que no hacía más que intuir lo que Carla y él habían hecho aquella noche, aún no lo recordaba, y ¡maldita sea!, ¡por qué tenía él que cargar con eso, si ni siquiera recordaba aquella noche, ni una sola palabra, caricia, beso o estímulo!

Por otro lado, tenía la esperanza de descubrir alguna información sobre Carla... Aunque, ciertamente, nadie le había concretado que en comisaría quisieran hablarle de algo relacionado con ella.


Estuvo esperando en una sala o más bien un pasillo estrecho y largo, con butacas de plástico, acompañado de un par de chavales que esperaban para prestar declaración por objetos robados o perdidos, y de una vieja, llorando sin cesar, de la que más tarde, por sus gritos, sabría que había perdido un gato, un puto gato...

Un tío, con pinta de no ser mucho mayor que Marcos, se le acercó con un montón de papeles. Le llamó por su nombre y apellidos y le pidió que le acompañara a una habitación pequeña y sin ventanas, de aspecto sucio, desordenado; estaba todo apilado por el suelo, las pocas estanterías que tenía parecían destrozos de un edificio recién derruído, todo estaba en un completo desorden, menos la mesa de aquel tipo: un ordenador, malo, con por lo menos diez años de antigüedad, el teclado, con algunas letras desgastadas, un montón de folios y dos bandejas con formularios sellados y sin sellar.

El policía, con uniforme pero sin pistola ni porra en el cinturón, sólo con las esposas, se sentó tranquilamente tras el ordenador y ofreció a Marcos hacer lo propio justo enfrente, en una silla algo más cómoda que las del pasillo de espera. En ningún momento aquel tío tomó una postura prepotente, como en esas películas americanas, que siempre apoyan los pies en la mesa, se agarran del cinturón y están chupando un palillo. El tío era mucho más educado que aquello, pero por lo mismo, Marcos no tuvo ningún conducto de salida para su nerviosismo, no podía ponerle un toque de humor a aquella situación,;era tan normal, que no podía imaginar que fuera a ser grave.

Aquel tipo, comenzó a distribuir los papeles que llevaba encima por la mesa, y se quedó sólo con uno, que le pidió a Marcos que rellenara. Datos, sólo datos, ninguna explicación del por qué tenía que estar allí, rellenando un formulario, y por lo mismo, Marcos no iba a preguntar. Entonces, casi cuando estaba acabando de rellenar "fecha y firma", Marcos levantó la vista, instintivamente, hacia la puerta de entrada a la habitación, a su izquierda, preguntándose lo que todo el mundo en situaciones absurdas, qué día era; enseguida volvió la vista a la hoja para acabar con el "papeleo" cuando se dio cuenta, repentinamente, de que había visto pasar a una mujer... A la mujer: a Carla.

Firmó la hoja absorto, intentando de nuevo vislumbrar entre realidad e imaginación, quizá esto tampoco era real. Aquella noche, ahora en la comisaría. ¿Y si Carla era simplemente fruto de su imaginación? ¿Y si, aunque la mujer a la que veía existiera, él simplemente había imaginado a una mujer como Carla después de ver pasar a una mujer como aquella cualquier día por la calle?

El policía le cogió la hoja de la mano, en la que parecía haberse congelado, y procedió a leerla, con parsimonia, como si en el manual de policía estuviera, en algún artículo concreto, especificado que los formularios hay que leerlos como si uno ya supiera lo que va a decir. Pero, de repente, el tío abrió los ojos y miró a Marcos:

- Creo que te has confundido con tu apellido, chaval.

Marcos, que aún estaba, como él diría, flipando, levantó la vista ligeramente y pidió la hoja con la mano. El tipo se la acercó sin soltarla y dijo:

- No hagas gilipolleces, aquí todos sabemos cómo te llamas.
- Pues seguro que lo saben -dijo Marcos un poco molesto- pero yo mi apellido es ese.
- Chaval, vienes ya animado por la mañana. Ya me habían dicho que eras un listillo, pero esto es demasiado básico, cúrratelo un poco más.
- Le he dicho que ese es mi apellido.
- Que sí, que sí... También me vas a decir que este no eres tú...

El tío, que tenía la ficha policial de un chaval en la pantalla del ordenador, con foto incluída, a la que no había prestado atención hasta ahora, se quedó inmóvil mirando, con la mano en el ratón, la foto de la ficha. Marcos y el tío de la foto no eran el mismo. Comprobó los apellidos, efectivamente no coincidían. Buscó los datos del verdadero Marcos, no había antecedentes, en su ficha sólo aparecía su nombre por una declaración de objetos perdidos que hizo su madre una vez. Ninguna foto.

Se levantó, sin decirle nada a Marcos, que empezaba a temerse que habia estado perdiendo el tiempo sin salir a comprobar si Carla era real. Asomó la cabeza por la puerta y gritó: ¡Quién coño ha llamada a este chaval!, en dirección a una mesa que había a la entrada de la oficina. El hombre que estaba sentado en ella le dijo que él acaba de empezar turno, que sería su compañero.

El policía volvió a la mesa murmurando y cabreado:

- Chaval, vete de aquí, hemos tenido una confusión. Te puedes ir, se han equivocado con los datos.

Sin mediar palabra, Marcos se levantó y salió de la habitación, miró a derecha e izquierda, esperando encontrar a Carla. Nada.

Cuando salía de la oficina, la vio entrar a un despacho, sin llamar. Se quedó mirando la puerta que Carla acaba de cerrar tras de sí... ¡Era Carla! ¡Era real! ¿Por qué si no iba a entrar en un despacho? Su imaginación no podía querer ver a Carla entrando en un despacho por ningún motivo...

Era Carla.

Como el policía le había despedido tan tajantemente, Marcos pensó que no era buena idea ir a buscar a Carla a la entrada del despacho, por muy emocionado que estuviera, con lo problemática que había sido además su "relación" con ella, igual acababan arrestándolo por cualquier signo de exaltación.

Salió de aquel lugar y decidió esperar sentado en un banco de la acera de enfrente... Le pidió un pitillo a una perro flauta que pasaba por allí, él tenía fuego. Y se puso a esperar...

miércoles 11 de noviembre de 2009

La tradición impresa

La elaboración y la transmisión de una obra literaria antes de la imprenta es cosa muy distinta de lo que fue después. La tipografía hizo que la publicación de un libro, hecha antes mediante muy escasas copias, lentas y muy distanciadas en el tiempo y en el lugar, se convirtiese en un acto momentáneo, único y superabundante en ejemplares. La publicación impresa señala la terminación de la obra por parte del autor; todo lo que éste trabajó en elaborarla queda anulado en el olvido, y todo cuanto trabaje después en corregir y perfeccionar lo impreso, si no hace una segunda impresión. Por el contrario, en la lentísima publicación manuscrita cada ejemplar producido tiene su individualidad.

R. Menéndez Pidal

Este fragmento de uno de los grandes estudiosos de la literatura española, en deuda con otro grande, R. Menéndez Pelayo, pone de manifiesto la opinión de una parte de los escritores que creemos que, al margen de las ventas y la facilidad de distribución que significan la impresión de un libro a gran escala, tener entre las manos un ejemplar tan único como el realizado por un sólo escritor o copista es un regalo inigualable. Por eso, siempre hemos creído que es necesario guardar, ya no sé si para la posteridad o simplemente para no olvidarlo -como dice Menéndez Pidal-, los manuscritos de las obras que creamos, a poder ser rubricados, por si el día de mañana alguien nos quiere coleccionar... ¿Quién sabe?

lunes 9 de noviembre de 2009

Mozart

Aún me pone los pelos de punta recordar aquel concierto (grabado por cierto) de final de curso 2002 de Conservatorio Jesús de Monasterio. Aún me entra la nostalgia cuando recuerdo lo difícil que nos resultaba a las soprano de mi curso (que éramos todas unos mocos) llegar a las notas más altas del Carmina Burana.

Y aún me entran escalofríos cuando escucho el Dies Irae del Réquiem de Mozart. No olvidaré nunca aquellos años de coro en el Conservatorio... Nunca.

Aquí os dejo las tres primeras piezas del Réquiem, aunque lo que me interesaba dejaros en el blog es el Dies Irae.





Quiero darle un especial agradecimiento a todos aquellos compañeros de coro, a los que, como a mí, las 2 horas de coro les parecían lo mejor de toda la semana y a los que les ocurría al contrario. A Adriana, a Alfonso y Óscar, compañeros de cuerda, a toda la orquesta, que juraría que por aquel entonces aún tenía a Irene de primer violín, pero sobre todo, a Emilio Otero, al que a veces me encuentro por la calle y aún se acuerda de mí. Grande, Emilio.

miércoles 28 de octubre de 2009

De los saberes del mundo... I

"Desconocida, innominada, inexistente al parecer, pero en realidad existiendo, la verdad tiene que ser conquistada, descubierta y traducida al lenguaje: donde, inevitablemente, acto continuo volverá a ser mal comprendida".

H. Zimmer.

sábado 24 de octubre de 2009

Maldito tiempo

Ahora cambio el reloj de hora.

¿Y qué?

Van a seguir poniéndome esa absurda excusa de que las empresas ahorran más luz de este modo, ¿no? Quiero que sepan que eso ya no se lo traga nadie. Las empresas gastan luz a las tres de la mañana o de la tarde, a tope con los focos, y nada de bombillas de bajo consumo.

Quieren convencerme de que esto lo hacen por ahorrar luz, insisten... Y yo sólo veo más gasto: A las siete de la tarde tienes que encender las luces del salón porque no puedes ni morderte las uñas sin fallar. Sales a la calle y todas las luces están encendidas a las ocho, y eso que no ha llegado el invierno, que a las seis ya están encendidas.

Luces por todos lados, pero además, nocturnidad.

La vida en la calle en otoño y con cambio de hora se hace cada vez más escasa. A partir de ahora parece que salgo a la calle a última hora para comprar los regalos de navidad cada vez que me muevo del sofá más tarde de las seis.

Y entro a los establecimientos sólo por encontrar algo más de luz que unas farolas hartas de iluminar tanto delito absurdo. Tanta chusma, que no tiene otro nombre, tanta desilusión. Tanta hipoteca, calefacción (no olvidemos que con una hora menos de luz por la tarde, hace más frío), perro nuevo, mamá quiero esto para navidad, qué quieres para tu cumple, haremos algún viaje, no llego a fin de mes. Y ahora súmale esos euros de más por encender las luces una hora antes.

Ellos sí que ahorran, pero dinero, y el de los demás.

A mí no me engañan, he aprendido a ver en la oscuridad, ¿y el calor? Ése me lo busco en otros cuerpos, le pese o no a Gas Natural.

miércoles 21 de octubre de 2009

Racionalizaciones estúpidas I

Siempre me pareció loable la capacidad de algunas personas de mantener sus espacios personales en la más absoluta de las pulcritudes y de los órdenes.

Asumo, con cierta desvergüenza, que nunca he sido persona de colocación impecable. Mi habitáculo parece más la madriguera de un oso pardo que se ha visto obligado a vivir en medio metro cuadrado que una sala de estudio y meditación académica como corresponde a mi función, en estos momentos de la vida.

La sensación que uno (en este caso la que escribe) disfruta cuando, tras pelear consigo mismo tardes y tardes, mañanas y mañanas, sobre si debería ordenar o no esa maraña de asuntos varios y ajenos, propios también, los más diría incluso, o los menos, consigue decidirse, ordenar y ve lo que ha hecho es inigualable; nadie que acostumbre a ser ordenadamente perfecto en esto podrá entenderme.

Pero, por lo mismo, la sensación que uno sufre cuando, tras haber disfrutado de la anteriormente mencionada previa sensación, se ve en la tesitura de llegar a pensar: ¿dónde he puesto esto?; esa sensación, es terrible.

En situaciones normales, "esto" estaría "aquí" o lo que es lo mismo, más o menos donde siempre, con un orden inexplicable, pero donde siempre. En esta situación, "esto" está "en algún lugar donde lo haya guardado con otros tantos estos de variado origen y necesidad".

Porque no quiero que nadie me diga que ordenar es cuestión de necesidades: Lo que necesites, cerca, a la vista, lo que no, lo guardas en un cajón. Pues oigan, eso sí que sería un desorden, LO NECESITO TODO, obviamente. Pero no lo necesitas todo a la vez. Pues no, pero si me baso en lo que necesito ahora, mañana tendría que ordenar según lo que necesitara... Y ESO SÍ QUE SERÍA UN CAOS.

A lo que iba es que, piensen lo que piensen de mí (aunque sí quiero dejar claro que el desorden no supone una falta de auto-ordenamiento y limpieza, soy mujer de hábitos saludables), para mí el orden que conocen todos los seres humanos, el orden diáfano, el orden inscrito en un canon universalmente aceptado, es de tan poca prioridad que no sé cómo argumentar para que nadie me exija razones.

Todavía encuentro las teclas del ordendor, mis libros de cada día, donde escribo y donde no, los folios, los no folios, aquello que no sabía que era y decidí dejar "por ahí" para descubrirlo mañana o tal vez nunca, o recordar que sé lo que era pero ya no sé dónde está... Todas esas pequeñas y grandes cosas están ordenadas, tanto como lo está mi cerebro. Y salvo una incipiente locura, no me pueden negar que no tenga las ideas claras.

NO IMAGINO UNA CUADRÍCULA CUANDO PIENSO EN EL ESPACIO QUE OCUPAN MIS IDEAS EN MI CEREBRO. POR TANTO, MI HABITÁCULO ESTARÁ ORDENADO EN DIRECTA PROPORCIÓN A COMO ESTÉ MI CEREBRO.

He dicho.


P.D.: No se trata de una apología del desorden preadolescente. Pasé esa etapa con un desastre de habitación y he descubierto que seguiré siendo así, y no por rebeldía, se trata de un modus operandi sin el cual no sería la misma, ni escribiría igual, por supuesto.

lunes 5 de octubre de 2009

La canción que canta en el fondo oscuro del mar...


D.E.P. Mercedes Sosa

domingo 27 de septiembre de 2009

When the stars go blue

Where do you go when you're lonely
Where do you go when you're blue
Where do you go when you're lonely
I'll follow you


viernes 25 de septiembre de 2009

El tiempo, de nuevo


Definitivamente es el tiempo lo que mueve todo lo que hacemos.

Necesitamos tiempo para nacer, para crecer, para conocer, para conocernos, para existir, respirar, enamorarnos, para olvidarnos y para querernos.

Necesitamos tiempo después del tiempo, para no creer, para no estar, para no decir, para no saber, para respirar de nuevo, para conocer, para no conocer, para que no nos dejen conocer, para que no nos dejen saber, tiempo para perder, para necesitar más tiempo.

Nunca pensé que el tiempo pudiera ser demasiado...