martes, 10 de mayo de 2016

Evaluando

  Ahora que se acerca el verano, ahora que ha pasado tanto el tiempo, me encuentro a veces haciendo balances que nadie me pide y que yo no me recomendaría hacer si fuera otra persona. Balances de futuro, que son complejos porque abarcan lo inefable de lo porvenir y lo frustrante de lo que sabemos que ocurrirá, hagamos lo que hagamos. Balances de presente que nos posicionan momentáneamente en un estado pletórico y que después nos hunden hasta equilibrarnos en un imperfecto estado de sitio. Y balances de pasado, inútiles, por cuanto no aportan nada al momento ocurrido sino al recuerdo presente del mismo; frágiles, por cuanto cambian conforme a nuestro estado de ánimo; y sin embargo pesados, ya que permanecen, aun en el agotamiento diario, aun en la lógica del marchito tiempo que todo lo comprueba y corrobora.

  Y en ese cíclico intento por que lo que fue haya sido de otra manera a base de pruebas presentes, a base de recapitulaciones, a base de pausas y, necesariamente, a base de olvidos, el alma se cubre de algún sentimiento más que de otro. Ocurre lo mismo con la línea hacia la que vamos, cuyo horizonte mortal nos forzamos a ignorar para no comprobar la estupidez de nuestro día a día; ocurre lo mismo: el alma escoge un sentimiento para determinar qué hacer cuando ese entonces llegue.

  Se antoja problemático, sin embargo, que ambos caminos, el cíclico pasado y el lineal futuro, resulten en el mismo sentimiento y que ese sentimiento envuelva un presente más o menos largo, más o menos cansado y más o menos estable. 

  Porque, ¿qué hacer cuando la tristeza te persigue desde tu pasado y te acompaña hacia el futuro? ¿Huir?


viernes, 11 de marzo de 2016

Pasternak obliga

Por fin, mi cita con la cuesta Moyano tomó forma; ahora sí, me reencuentro con Madrid definitivamente y este es ya mi hogar, aun cuando hacía días que he recogido mi carné de lectora de la red de bibliotecas de Madrid.

Y el primer libro que recogen mis manos, miento, el segundo (el primero es de Félix de Azúa), es la "Antología de urgencia" de Boris Pasternak. 

Recojo hoy, para el recuerdo venidero y por el recuerdo pasado, que abrazan el presenten y a veces lo entristecen o lo exaltan, este "Cita", y que cada uno extraiga sus propias conclusiones:

CITA
Borrará la nieve los caminos,
cubrirá los aleros.
Yo iré a desentumecer los pies:
Detrás de la puerta estás tú.

Sola, con tu abrigo otoñal,
sin sombrero, sin chanclos,
luchas con la emoción
masticando la nieve.

Los árboles y los cercados
se pierden en la lejanía, en la bruma.
Sola, entre la nevada que cae,
tú permaneces en la esquina.

Chorrea el agua desde el pañuelo
por las mangas, entra por los puños,
y, en gotas, la escarcha
brilla en tus cabellos.

Humedece la nieve tus pestañas,
en tus ojos hay tristeza,
y toda tu figura está tallada
en un solo bloque.

Como con un hierro
templado en un baño de antimonio
te grabaron en forma de herida
en mi corazón.

En él ha quedado asentada para siempre
la sumisión de estos rasgos;
gracias a ellos no tiene importancia
que el mundo sea cruel.

Gracias a ello se desdobla
toda esta noche en la nieve
y, trazar fronteras,
no puedo entre nosotros.

Sin embargo, ¿quién somos y de dónde,
cuando de todos aquellos años
solo restan las murmuraciones,
mientras que nosotros no estamos ya en el mundo?

domingo, 10 de enero de 2016

Intimidad (recobrada)

En ocasiones, la vida nos reencuentra con pasados juveniles, con recuerdos vergonzosos, inocentes y mantenidos. En ocasiones, la vida nos reaparece allí donde la dejamos, al menos una parte, para reescribirla y, esta vez sí, adornarla con los verbos que no nos atrevimos a utilizar entonces.
Es curioso que sea a través de Mario (Benedetti) que los pensamientos toman forma en almas distintas a las de ayer, pero semejantes a las de antaño.



Intimidad
Soñamos juntos
juntos despertamos
el tiempo hace o deshace
mientras tanto

no le importan tu sueño
ni mi sueño
somos torpes
o demasiado cautos

pensamos que no cae
esa gaviota
creemos que es eterno
este conjuro
que la batalla es nuestra
o de ninguno

juntos vivimos
sucumbimos juntos
pero esa destrucción
es una broma
un detalle una ráfaga
un vestigio
un abrirse y cerrarse
el paraíso

ya nuestra intimidad
es tan inmensa
que la muerte la esconde
en su vacío

quiero que me relates
el duelo que te callas

por mi parte te ofrezco
mi última confianza

estás sola
estoy solo
pero a veces
puede la soledad
ser una llama

Mario Benedetti

Víctimas y verdugos

o Cambio de temporada

Llámese como mejor le convenga al lector, dependiendo de su estado anímico, su momento vital o de si hoy domingo por la mañana le acompaña una buena resaca o, por el contrario, ha amanecido hace ya unas horas fresco como una rosa.
Y, si bien ambos títulos no comparten absolutamente nada a nivel semántico, resulta que llegan de la mano conclusiones que afectan a uno y otro por igual. 

Hay un cambio de temporada, eso es evidente, y no porque hayamos entrado en un nuevo año, que también, ni siquiera porque haya comenzado, finalmente, la época de frío, que también. Hay un cambio de temporada que sobreviene obligadamente a un cambio, primero repentino, después gradual, en las circunstancias vitales. Y estos cambios, a su vez, han resultado en esas conclusiones que no por injustas vayan a ser sorprendentes.

No me sorprende, a estas alturas, que víctimas y verdugos sean unos u otros según el palco desde el que se mire. Lo que sí me sorprende es encontrarme adoptando en ocasiones breves, pero ocasiones al fin y al cabo, el papel que no me corresponde. Por supuesto que en las relaciones humanas, mejor dicho, cuando las relaciones humanas se trastocan, víctimas somos todos, de algún modo. Sin embargo, lo que hay que discernir es de quién somos víctimas: ¿de otras personas o de nosotros mismos? O quizá, de nosotros mismos siempre, y además, a veces, también de otras personas.

Yo me encuentro en esa tesitura de, momentáneamente, pedirle perdón al verdugo, no a ese que tengo dentro, o que tenía, y con quien hice las paces hace ya tiempo, aunque pueda ser quien me presiona a pensarme verdugo a mí misma. Como digo, pedirle perdón a ese verdugo externo, que no sé muy bien por qué debe disculparme. Desconozco qué argumentos esgrime mi cabeza para generar culpa en momentos que, tras meses, quizá años, puedo decir que son de franca felicidad. ¿Por qué he de sentirme culpable por retomar "una vida que huía de nosotros"? 
Sé que permanece un poso de irresolución, un poso de falta de verdadero final, un suspense que a mi cabeza de guionista de cine comercial parece no venirle nunca bien, parece no resultarle suficiente. En mi más profundo consciente, aún quiero terminar lo terminado, aún quiero resolverlo como lo imaginé; aún, y eso será así siempre, quiero finales redondos.

Un final que no me es concedido, que imagino no se me concederá y que otros no quieren escribir conmigo. Y esto tampoco me sorprende, ¿por qué querría escribir un buen final quien nunca escribió conmigo la trama que lo precedió?

La víctima y el verdugo, en la vida real, pueden ser y son una y la misma persona; y debo sentarme a mí misma en una silla interrogante para resolver con ese verdugo, esa parte que aún mantiene la trama abierta, el final de temporada. Un final que me permita cambiar a esa nueva que me aporta momentos que dejé de esperar hace meses, quizá años.

La felicidad, en mi caso, pasa por perdonar a quien no es capaz de pedir perdón, a quien no reconoce su culpa, a quien no sabe de finales redondos, a quien no sabe de finales y todo le persigue. Mi felicidad, por tanto, pasa por construir lo que nadie más puede. Y sí, te perdono, aunque no sepas ni quieras saber por qué.

domingo, 8 de noviembre de 2015

I'll be looking at the moon...

Y si no recordamos a quien se fue, sino a quien está por venir...


I'll be seeing you
In all the old familiar places
That this heart of mine embraces
All day through.

In that small cafe;
The park across the way;
The children's carousel;
The chestnut trees;
The wishin' well.

I'll be seeing you
In every lovely summer's day;
In every thing that's light and gay.
I'll always think of you that way.

I'll find you
In the morning sun
And when the night is new.
I'll be looking at the moon,
But I'll be seeing you.

I'll be seeing you
In every lovely summer's day;
In every thing that's light and gay.
I'll always think of you that way.

I'll find you
In the morning sun
And when the night is new.
I'll be looking at the moon,
But I'll be seeing you.

domingo, 25 de octubre de 2015

No habrá paz...

No en las calles o las plazas de esta ciudad, donde los pasos recuerdan también otros viajes, ciudades con nombre, tu nombre. Ni en cada rostro, cada palabra en el aire de la gente que pasa, cada paraguas roto en una papelera triste. Tampoco en este sol que sostiene el otoño entre sus rayos, que va dejándonos sin la libertad del viento que nos empujó a alejarnos.

No habrá paz en la costumbre que esté por venir, ni en mi paciencia joven, ni en tu vieja inquietud; en el intento absurdo de aplacar la ira dando los mismos pasos, por las mismas agendas, como si repetirlos borrara su sentido, su infinito sentido de amor triste, sincero y triste, y único.

No habrá paz aunque los días continúen su paso calmo y queda, su estrepitoso argumento a favor de lo que tuvo que ser. Aunque la vida entienda el gran favor que gana por la persona que pierde, y doy fe de que lo entiende. 

No habrá paz... Y sin embargo el cuerpo se prepara, se revuelve e insiste en combatir, se desgasta en comprensiones que le son ajenas, lucha, en busca del momento en que gritar sus razones, porque está seguro de que no lo entiendes, de que estás perdiendo, de que te has salvado. 

No habrá paz y el alma reserva un espacio, pequeño, casi imperceptible, para guardar esa guerra que quiere mantener contigo, porque habéis perdido ambos: ella su claridad y tú las alas. Y en ese espacio se recoge algunas noches, para arañar rincones y cerrar persianas. Y ese espacio, esa guerra, todo lo que no es paz, sabe a ti.



domingo, 4 de octubre de 2015

Interruptores

Hace unos meses, en otra vida en realidad, tuve que cambiar un interruptor porque, por hache o por be, el anterior había acabado roto (la verdad es que no me gustaba nada aquel modelo). Se trataba de un interruptor que, meses después, descubriría que no volvería a pulsar jamás. 
Este interruptor, sin embargo, es otra de esas muchas cosas que han terminado siendo un aprendizaje, como no podía ser de otra forma, y por eso tuve que ser yo quien cambiara el interruptor (bien es cierto que nadie más lo haría si no, para qué engañarnos a estas alturas).

Para que nos entendamos, ocurría que aquel interruptor encendía una luz de techo y otra de pared por lo que, tanto el original como aquel por el que iba a ser cambiado, eran interruptores dobles. No obstante, debido a mi por entonces desconocimiento sobre la materia, compré el nuevo considerando exclusivamente que a simple vista dispusiera dos interruptores en una sola caja de luz, como así fue.

El día que me dispuse a cambiarlos estaba sola; para mi sorpresa, era en ese estado en el que yo me sentía más útil, puesto que no tenía que sentir vergüenza por ser más útil que nadie a mi alrededor. Saqué mi cajita de destornillador y cabezales intercambiables con imán -a esta sí que la echaré de menos, siendo como va a ser tan poco utilizada- y me dispuse a desatornillar y desmontar el interruptor viejo. No hubo ningún problema.

Y ahí estaba, al desnudo, tres cables blancos, indefinidos, pelados, absurdos. Lo primero que pensé al verlos fue: siendo cada uno tan insulso como los otros dos, cómo voy a saber dónde conecto cuál. Pero ese no era mi problema mayor y realmente el desconocimiento es tan valiente que no pensé, ni por asomo, marcar los cables de algún modo.


Conecté dos y un interruptor encendía una de las luces. Conecté el tercero y el interruptor encendía y apagaba las luces alternativamente. Algo fallaba, había conectado todo, tenía todo aparentemente controlado, colocado en su sitio, los cables parecían estar a gusto en sus correspondientes huecos... Pero algo fallaba. 

Algo estaba siempre encendido, pero también algo estaba siempre apagado. No había oscuridad pero tampoco una luz completa. Ahora la luz del techo sólo podía funcionar si la de la pared estaba apagada y viceversa. Eran luces claramente incompatibles. 

La solución vino en forma de llamada a un experto en esto de los cables, la luz, la electricidad y lo que falla; que siempre falla por algo. Mi labor era encontrar la naturaleza de cada cable, identificar su función, señalar su origen. Pero me faltaba algo. Me faltaba algo que uniera la fuente de energía con la que satisfacer las necesidades de cada interruptor, y que pudieran estar apagados o encendidos ya fuera a la vez o por separado. Armonía dentro de un interruptor doble que deje salir la vida por donde fuera necesario, sin que uno de ellos tuviera que vivir siempre sin el otro.

La solución fue un cable puente, de color gris. Un cable puente chiqutín que no ocupara mucho espacio dentro de la caja del interruptor, porque los cables que ya había allí lo llenaban todo, de manera caótica e insulsa. Ese cable puente lo puso todo en orden. Su origen era desconocido, pero seguro que no procedía del mismo sitio que los otros cables, blancos, acurrucados incómodamente como un bebé no nato de nueve meses.

Y he aquí el aprendizaje: cuando dos cables no pueden funcionar en la misma honda y uno debe apagar para que el otro encienda, no hablamos de un interruptor doble, hablamos de dos interruptores simples. Es necesario encontrar ese cable, de origen desconocido, que lo armonice todo. Y si no hay cable, no puedes volver a usar ese interruptor jamás. Como hice yo.

lunes, 28 de septiembre de 2015

Punto de partido

Si algo no ha perdido Woody Allen con los años es su capacidad de escoger la mejor de las músicas para sus películas. Con Match point hizo un trabajo magnífico. Aquí una muestra.

Y aquí la letra:

Mi par d'udire ancora
o scosa in mezzo ai fior
la voce sua talora
sospirare l'amor!

O notte di carezze,
gioir che non ha fin,
o sovvenir divin!
Folli ebbrezze del sogno, sogno d'amor!

Dalle stelle del cielo
Altro menar che da lei,
La veggio d'ogni velo,
Pender li per le ser!

O notte di carezze!
gioir che non ha fin,
o sovvenir divin!
Folli ebbrezze del sogno, sogno d'amor!

Divin sovvenir, divin sovvenir!

Carta de amor... a uno mismo


viernes, 25 de septiembre de 2015

A mí me gustan las personas curvas...

Hay enseñanzas que llegan de quien menos imaginas, muchas veces sólo permanecen esas enseñanzas y las personas ya no están ni se las espera. Y esta en concreto, debo agradecérsela a "Biff Loman".


Las personas curvas


Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.

A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!

Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.

Y la paciencia es curva.

El pan es curvo
y la metralla recta.

No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!

El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.


Jesús Lizano

domingo, 20 de septiembre de 2015

A veces mis palabras no bastan...

...y uso las de otros que mejor supieron encajar los golpes y darles forma de verso.

¿Triste? No exactamente

[Te esperaba en la estación
con el corazón
colapsado,
acosado
de un hambre atrasada]

Primero se irá tu voz.
Llegará un momento
(y llegará sin avisar,
como un despertador
que truena que es hora)
en que ya no seré capaz de recordar
cómo sonaban tus preguntas,
ni qué música tenía tu sonrisa.

Después se irán los olores.
Me preguntaré,
una mañana,
de qué textura
era el aire que yo respiraba
en tu cuello cuando bajabas
del autobús.
Y no sabré responderme.

Pasará el tiempo.
Y se me nublarán los ojos.
Y ya no sabré en que lado de tu espalda
relucía aquel lunar que me gustaba tanto.

Lloverá,
viajaré.
entraré y saldré de otras vidas,
romperé cristales,
me arañarán, un poco, tal vez,
mientras entorno la puerta,
y de ti entre las manos que te van perdiendo
me quedarán sensaciones,
el tacto.
Y el tacto también se irá.

Se amontonarán los años
y ya no podré decir que tus labios eran
como salir del colegio un viernes por la tarde.
Para recordarte tendré que recurrir a metáforas sin lustre,
de esas que se guardan en el stock,
entre el olvido y las telarañas,
donde todo es más triste.
Metáforas de Dante de veinte duros,
adjetivos sin dientes,
porque el recuerdo no alienta imágenes nuevas.
Diré que tus labios eran suaves, húmedos, cálidos,
que se parecían a una flor o al primer vuelo
de un pájaro por la mañana,
y todas esas cosas que en realidad no dicen nada,
porque el pasado es una sombra que no tiene voz.

Se irán, en último lugar, todas las cosas que hicimos,
cuando todo lo que encendiste en mis sentidos
se apague y no quede un ascua
que mantenga vivo el fuego
de la memoria.

Olvidaré las conversaciones.
Olvidaré dónde te encontré por primera vez.
Olvidaré tu alegría que era como una primavera,
tus manías, tu forma de caminar,
la ropa que te quitaba,
los trozos de tu piel (tímidos mundos suaves) donde mis besos
hacían brotar pequeñas hogueras rojas.

Despacio irás desapareciendo
y yo no podré sujetarte.

[Y tal vez dentro de muchos años,
en otra estación
alguien que será yo,
viejo y cansado,
te verá aparecer una tarde
por un pasillo de la memoria,
como un espejismo sin nombre. Y recordará
desde la lejanía, a través del polvo
de las vidas que ya no fueron,
tu rostro joven como un destello de luz,
un paseo de la mano, las nubes, el aire,
y el sol que te aclaraba
el color de los ojos. Volverás
atravesando el olvido como una bala,
y en silencio interrogaré al vacío
buscando tu nombre
mientras la brisa te lleva de vuelta
al lugar donde duermen los recuerdos soleados de los ancianos].

Miguel Ángel Chica García, abril de 2014.

Pause

Hace varias semanas que la ciudad se ve extraña, enrarecida. Ni las calles son aquellas que hasta hace poco me daba igual transitar o no, ni la gente parece ir al mismo ritmo, ni aquellos que se quedan marcan la diferencia con respecto a aquellos que se van.
Se van, quizá, los que menos deberían irse para darle sentido a una ciudad tan extraña ahora, tan rara. Se quedan aquellos que nunca estuvieron, que pasan de largo hacia ninguna parte, que escogen a quien siempre está aunque se haya ido como morada inútil en la que refugiar la culpa.

Pero todo está cubierto por un velo que se siente como los dedos después de chupar el azúcar pica-pica de una gominola: pegajoso, nunca dulce, más bien amargo e incómodo. Y lo que más se desea es poder lavarse las manos para evitar inundarlo todo de esta sensación; sin embargo, a esta ciudad ya no le quedan fuentes donde mojar las lágrimas o limpiarse las manos.

Así que aquellos que se quedan pero nunca estuvieron deambulan con las manos sucias y los que quieren irse pero nunca podrán irse del todo lloran ya lágrimas secas. Aquí nada ya tiene sentido y cada paso es un recuerdo inexacto, una duda constante, una ciudad extraña. Es el momento de apretar el botón...

"PAUSE"


lunes, 7 de septiembre de 2015

Otro sitio donde caer


Are you blind?
Blind to me trying to be kind?
Volunteering for your firing line
Waiting for one precious sign
The flicker of a smile
You should try it just once in a while
It's simply too easy to do
And you might not see it through
See it through

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you
Find another place to fall

Are you proud?
To have founded a brand new behavior
With hatred and hurt as your savior
But nobody's choosing to follow
So you choke back the tears and you swallow
Men who have ruined your life
You consume them with minimum strife
But now you have got indigestion
The antacid comes as a question

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you
Find another place to fall

There isn't much more I can say
For I don't understand the delay
You're asking for friendly advice
And remaining in permanent crisis
Affection is yours if you ask
But first you must take off your mask
When you're backs turned I've decided
I'll throw it away just like I did

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you

Find another place to fall

domingo, 6 de septiembre de 2015

Una y no todas

Muchachas que buscabais
el gran amor, el gran amor terrible,
qué ha pasado, muchachas?

Tal vez
el tiempo, el tiempo!

Porque ahora,
aquí está, ved cómo pasa
arrastrando las piedras celestes,
destrozando las flores y las hojas,
con un ruido de espumas azotadas
contra todas las piedras de tu mundo,
con un olor de esperma y de jazmines,
junto a la luna sangrienta!

Y ahora
tocas el agua con tus pies pequeños,
con tu pequeño corazón
y no sabes qué hacer!

Son mejores
ciertos viajes nocturnos,
ciertos departamentos,
ciertos divertidísimos paseos,
ciertos bailes sin mayor consecuencia
que continuar el viaje!

Muérete de miedo o de frío,
o de duda,
que yo con mis grandes pasos
la encontraré,
dentro de ti
o lejos de ti,
y ella me encontrará,
la que no temblará frente al amor,
la que estará fundida conmigo
en la vida o la muerte!

Las muchachas, Pablo Neruda. Los versos del Capitán.

Cuadernos de viaje

- Cenaremos en (...), pagaremos porque sea un gran recuerdo de Barcelona.

- Lo ha de ser: lugar muy agradable, iluminado por ella. Los pesudónimos no son forzosamente otra persona, ni siquiera otra identidad. Ella aguarda la cena con ojillos llorosos. Ya llega el té frío, con su aloe y su jengibre, antesala del convite. No he conocido a nadie que sepa más que (...) de especias y sabores.

- Y sin embargo, sigo sin descifrar su sabor especial y especiado.

- Para goce mío y amor mutuo... Que también el viaje es un regreso.


Citas célebres XVIII

La cura para todo es agua salada: sudor, lágrimas o el mar.

Isak Dinesen


jueves, 3 de septiembre de 2015

Septiembre es un mes de resumen

Lo que no dan ocho años, lo aportan casi diría que ocho horas. Una vez que sabes que los cimientos no estaban donde debían, que el arquitecto hizo como hacen muchos arquitectos hoy día: te proyectan un edificio y para cuando no se tiene en pie al llevarlo a efectos, resulta que se fueron con la pasta a la otra punta del mundo; una vez que sabes esto, lo demás sólo viene a abundar en la materia.

Es curioso cómo algunos hechos en la vida parecen pasar de puntillas hasta el centro de una sala, en la que esperan sentados hasta que te des cuenta de que han llegado. Para cuando te das cuenta, todos son conscientes de estos hechos menos tú. Ahí sentados, parecían parte del mobiliario, algo intrínseco a la habitación en la que en algún momento habías decidido entrar a vivir. Has sabido convivir con extraños que resultaban, por otro lado, tan familiares...

Llegados al punto en el cual te percatas de la existencia de estos hechos, en realidad, no te queda más que presentarte a ellos con educación y respeto (llevan tanto tiempo como tú ocupando aquel lugar) y servirles una bebida. Quizá mantener una pequeña conversación con ellos, probablemente presentárselos a tus amigos y conocidos (algunos hasta se sorprenderán de conocerlos).

Para entonces, sientes que algo y/o alguien sobra en tu habitación y seguramente ese alguien seas tú, que has venido a meterte en una habitación demasiado ocupada, que poco o nada tiene que ver con el tipo de habitación que tú necesitas: la cama te viene pequeña y apenas tienes mantas con las que cubrirte en las noches de soledad e insomnio, el espejo devuelve una imagen que no identificas como tuya, sobre la mesa no hay más que anotaciones de datos, personas, fechas... Una lista de nombres que no comprendes, pero que te irrita, ¿acaso en esta habitación no vivo sólo yo? ¿Con cuánta gente he tenido que compartir esta habitación? ¿Será esta la razón de que resulte tan pequeña, tan limitada? Un armario lleno de falsos recuerdos, esos que te ponías cada día, porque te resultaban cómodos. 

Decides que los hechos ocupan demasiado, que aquella habitación no te gusta en absoluto y que compartirla con tanta gente te supone una falta de respeto hacia ti mismo y tu espacio, tu vida. Así que les propones a los hechos que te acompañen allá donde te diriges ahora: sin destino, sin ninguna certeza, salvo la de no volver allí. Los hechos, contentos porque han conseguido tu atención después de tantos años, te agradecen el gesto, te cogen de la mano y al unísono te susurran: puedes contar con nosotros, somos lo único que no cambiará pase lo que pase.

Salís despacio y con paso firme de aquella habitación, cierras con llave y después la cuelas debajo de la puerta. Algún día puede que se te olvide aquella sombra antropomórfica que trataba de ocultarte los hechos sentados en el centro de la sala. Con el tiempo, olvidarás la habitación, la pequeña cama, el espejo alienante, el armario lleno de falsos recuerdos. No dentro de mucho, te darás cuenta de que entraste por la primera puerta de un largo pasillo y de que, si no quieres, los fantasmas como aquella sombra de la antigua habitación no tienen por qué acompañarte, y no deben. 

VERITAS LIBERAT NOBIS

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