lunes, 28 de septiembre de 2015

Punto de partido

Si algo no ha perdido Woody Allen con los años es su capacidad de escoger la mejor de las músicas para sus películas. Con Match point hizo un trabajo magnífico. Aquí una muestra.

Y aquí la letra:

Mi par d'udire ancora
o scosa in mezzo ai fior
la voce sua talora
sospirare l'amor!

O notte di carezze,
gioir che non ha fin,
o sovvenir divin!
Folli ebbrezze del sogno, sogno d'amor!

Dalle stelle del cielo
Altro menar che da lei,
La veggio d'ogni velo,
Pender li per le ser!

O notte di carezze!
gioir che non ha fin,
o sovvenir divin!
Folli ebbrezze del sogno, sogno d'amor!

Divin sovvenir, divin sovvenir!

Carta de amor... a uno mismo


viernes, 25 de septiembre de 2015

A mí me gustan las personas curvas...

Hay enseñanzas que llegan de quien menos imaginas, muchas veces sólo permanecen esas enseñanzas y las personas ya no están ni se las espera. Y esta en concreto, debo agradecérsela a "Biff Loman".


Las personas curvas


Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.

A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños; curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!

Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.

Y la paciencia es curva.

El pan es curvo
y la metralla recta.

No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!

El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.


Jesús Lizano

domingo, 20 de septiembre de 2015

A veces mis palabras no bastan...

...y uso las de otros que mejor supieron encajar los golpes y darles forma de verso.

¿Triste? No exactamente

[Te esperaba en la estación
con el corazón
colapsado,
acosado
de un hambre atrasada]

Primero se irá tu voz.
Llegará un momento
(y llegará sin avisar,
como un despertador
que truena que es hora)
en que ya no seré capaz de recordar
cómo sonaban tus preguntas,
ni qué música tenía tu sonrisa.

Después se irán los olores.
Me preguntaré,
una mañana,
de qué textura
era el aire que yo respiraba
en tu cuello cuando bajabas
del autobús.
Y no sabré responderme.

Pasará el tiempo.
Y se me nublarán los ojos.
Y ya no sabré en que lado de tu espalda
relucía aquel lunar que me gustaba tanto.

Lloverá,
viajaré.
entraré y saldré de otras vidas,
romperé cristales,
me arañarán, un poco, tal vez,
mientras entorno la puerta,
y de ti entre las manos que te van perdiendo
me quedarán sensaciones,
el tacto.
Y el tacto también se irá.

Se amontonarán los años
y ya no podré decir que tus labios eran
como salir del colegio un viernes por la tarde.
Para recordarte tendré que recurrir a metáforas sin lustre,
de esas que se guardan en el stock,
entre el olvido y las telarañas,
donde todo es más triste.
Metáforas de Dante de veinte duros,
adjetivos sin dientes,
porque el recuerdo no alienta imágenes nuevas.
Diré que tus labios eran suaves, húmedos, cálidos,
que se parecían a una flor o al primer vuelo
de un pájaro por la mañana,
y todas esas cosas que en realidad no dicen nada,
porque el pasado es una sombra que no tiene voz.

Se irán, en último lugar, todas las cosas que hicimos,
cuando todo lo que encendiste en mis sentidos
se apague y no quede un ascua
que mantenga vivo el fuego
de la memoria.

Olvidaré las conversaciones.
Olvidaré dónde te encontré por primera vez.
Olvidaré tu alegría que era como una primavera,
tus manías, tu forma de caminar,
la ropa que te quitaba,
los trozos de tu piel (tímidos mundos suaves) donde mis besos
hacían brotar pequeñas hogueras rojas.

Despacio irás desapareciendo
y yo no podré sujetarte.

[Y tal vez dentro de muchos años,
en otra estación
alguien que será yo,
viejo y cansado,
te verá aparecer una tarde
por un pasillo de la memoria,
como un espejismo sin nombre. Y recordará
desde la lejanía, a través del polvo
de las vidas que ya no fueron,
tu rostro joven como un destello de luz,
un paseo de la mano, las nubes, el aire,
y el sol que te aclaraba
el color de los ojos. Volverás
atravesando el olvido como una bala,
y en silencio interrogaré al vacío
buscando tu nombre
mientras la brisa te lleva de vuelta
al lugar donde duermen los recuerdos soleados de los ancianos].

Miguel Ángel Chica García, abril de 2014.

Pause

Hace varias semanas que la ciudad se ve extraña, enrarecida. Ni las calles son aquellas que hasta hace poco me daba igual transitar o no, ni la gente parece ir al mismo ritmo, ni aquellos que se quedan marcan la diferencia con respecto a aquellos que se van.
Se van, quizá, los que menos deberían irse para darle sentido a una ciudad tan extraña ahora, tan rara. Se quedan aquellos que nunca estuvieron, que pasan de largo hacia ninguna parte, que escogen a quien siempre está aunque se haya ido como morada inútil en la que refugiar la culpa.

Pero todo está cubierto por un velo que se siente como los dedos después de chupar el azúcar pica-pica de una gominola: pegajoso, nunca dulce, más bien amargo e incómodo. Y lo que más se desea es poder lavarse las manos para evitar inundarlo todo de esta sensación; sin embargo, a esta ciudad ya no le quedan fuentes donde mojar las lágrimas o limpiarse las manos.

Así que aquellos que se quedan pero nunca estuvieron deambulan con las manos sucias y los que quieren irse pero nunca podrán irse del todo lloran ya lágrimas secas. Aquí nada ya tiene sentido y cada paso es un recuerdo inexacto, una duda constante, una ciudad extraña. Es el momento de apretar el botón...

"PAUSE"


lunes, 7 de septiembre de 2015

Otro sitio donde caer


Are you blind?
Blind to me trying to be kind?
Volunteering for your firing line
Waiting for one precious sign
The flicker of a smile
You should try it just once in a while
It's simply too easy to do
And you might not see it through
See it through

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you
Find another place to fall

Are you proud?
To have founded a brand new behavior
With hatred and hurt as your savior
But nobody's choosing to follow
So you choke back the tears and you swallow
Men who have ruined your life
You consume them with minimum strife
But now you have got indigestion
The antacid comes as a question

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you
Find another place to fall

There isn't much more I can say
For I don't understand the delay
You're asking for friendly advice
And remaining in permanent crisis
Affection is yours if you ask
But first you must take off your mask
When you're backs turned I've decided
I'll throw it away just like I did

Find yourself another place to fall
Find yourself up against another brick wall
See yourself as a fallen angel
Well I don't see no holes in the road but you

Find another place to fall

domingo, 6 de septiembre de 2015

Una y no todas

Muchachas que buscabais
el gran amor, el gran amor terrible,
qué ha pasado, muchachas?

Tal vez
el tiempo, el tiempo!

Porque ahora,
aquí está, ved cómo pasa
arrastrando las piedras celestes,
destrozando las flores y las hojas,
con un ruido de espumas azotadas
contra todas las piedras de tu mundo,
con un olor de esperma y de jazmines,
junto a la luna sangrienta!

Y ahora
tocas el agua con tus pies pequeños,
con tu pequeño corazón
y no sabes qué hacer!

Son mejores
ciertos viajes nocturnos,
ciertos departamentos,
ciertos divertidísimos paseos,
ciertos bailes sin mayor consecuencia
que continuar el viaje!

Muérete de miedo o de frío,
o de duda,
que yo con mis grandes pasos
la encontraré,
dentro de ti
o lejos de ti,
y ella me encontrará,
la que no temblará frente al amor,
la que estará fundida conmigo
en la vida o la muerte!

Las muchachas, Pablo Neruda. Los versos del Capitán.

Cuadernos de viaje

- Cenaremos en (...), pagaremos porque sea un gran recuerdo de Barcelona.

- Lo ha de ser: lugar muy agradable, iluminado por ella. Los pesudónimos no son forzosamente otra persona, ni siquiera otra identidad. Ella aguarda la cena con ojillos llorosos. Ya llega el té frío, con su aloe y su jengibre, antesala del convite. No he conocido a nadie que sepa más que (...) de especias y sabores.

- Y sin embargo, sigo sin descifrar su sabor especial y especiado.

- Para goce mío y amor mutuo... Que también el viaje es un regreso.


Citas célebres XVIII

La cura para todo es agua salada: sudor, lágrimas o el mar.

Isak Dinesen


jueves, 3 de septiembre de 2015

Septiembre es un mes de resumen

Lo que no dan ocho años, lo aportan casi diría que ocho horas. Una vez que sabes que los cimientos no estaban donde debían, que el arquitecto hizo como hacen muchos arquitectos hoy día: te proyectan un edificio y para cuando no se tiene en pie al llevarlo a efectos, resulta que se fueron con la pasta a la otra punta del mundo; una vez que sabes esto, lo demás sólo viene a abundar en la materia.

Es curioso cómo algunos hechos en la vida parecen pasar de puntillas hasta el centro de una sala, en la que esperan sentados hasta que te des cuenta de que han llegado. Para cuando te das cuenta, todos son conscientes de estos hechos menos tú. Ahí sentados, parecían parte del mobiliario, algo intrínseco a la habitación en la que en algún momento habías decidido entrar a vivir. Has sabido convivir con extraños que resultaban, por otro lado, tan familiares...

Llegados al punto en el cual te percatas de la existencia de estos hechos, en realidad, no te queda más que presentarte a ellos con educación y respeto (llevan tanto tiempo como tú ocupando aquel lugar) y servirles una bebida. Quizá mantener una pequeña conversación con ellos, probablemente presentárselos a tus amigos y conocidos (algunos hasta se sorprenderán de conocerlos).

Para entonces, sientes que algo y/o alguien sobra en tu habitación y seguramente ese alguien seas tú, que has venido a meterte en una habitación demasiado ocupada, que poco o nada tiene que ver con el tipo de habitación que tú necesitas: la cama te viene pequeña y apenas tienes mantas con las que cubrirte en las noches de soledad e insomnio, el espejo devuelve una imagen que no identificas como tuya, sobre la mesa no hay más que anotaciones de datos, personas, fechas... Una lista de nombres que no comprendes, pero que te irrita, ¿acaso en esta habitación no vivo sólo yo? ¿Con cuánta gente he tenido que compartir esta habitación? ¿Será esta la razón de que resulte tan pequeña, tan limitada? Un armario lleno de falsos recuerdos, esos que te ponías cada día, porque te resultaban cómodos. 

Decides que los hechos ocupan demasiado, que aquella habitación no te gusta en absoluto y que compartirla con tanta gente te supone una falta de respeto hacia ti mismo y tu espacio, tu vida. Así que les propones a los hechos que te acompañen allá donde te diriges ahora: sin destino, sin ninguna certeza, salvo la de no volver allí. Los hechos, contentos porque han conseguido tu atención después de tantos años, te agradecen el gesto, te cogen de la mano y al unísono te susurran: puedes contar con nosotros, somos lo único que no cambiará pase lo que pase.

Salís despacio y con paso firme de aquella habitación, cierras con llave y después la cuelas debajo de la puerta. Algún día puede que se te olvide aquella sombra antropomórfica que trataba de ocultarte los hechos sentados en el centro de la sala. Con el tiempo, olvidarás la habitación, la pequeña cama, el espejo alienante, el armario lleno de falsos recuerdos. No dentro de mucho, te darás cuenta de que entraste por la primera puerta de un largo pasillo y de que, si no quieres, los fantasmas como aquella sombra de la antigua habitación no tienen por qué acompañarte, y no deben. 

VERITAS LIBERAT NOBIS

...y comiendo pipas.

Hace poco un buen amigo, al que había dejado olvidado injustamente en ese cajón paralelo al que uno vuelve en circunstancias adversas, y yo, filosofábamos sobre el sentido de la vida y la existencia del mundo y el universo; lo hacíamos bajo una luna llena anaranjada, que poco o nada tenía que ver con un día tan lluvioso como el de hoy, salvo por esa melancolía que ambos despiertan en el alma. 
En fin, allí estábamos decidiendo si el día de mañana seríamos sólo energías cambiantes y ocupantes de otros seres, con o sin cuerpo, con la certeza de que en otros mundos que se nos escapan en el espacio y en el tiempo existen entes tan inteligentes o más que nosotros (a mí no me cabe duda de que más, puesto que la raza humana, si bien en su conjunto parece avanzar, a título particular va de culo y cuesta abajo, en mi humilde opinión particular -o sea, de culo y cuesta abajo-).

Como es de esperar cuando uno trata estos temas tan poco útiles para lo cotidiano, tan abstractos y tan de hipótesis incomprobables, inferencias imposibles, la conclusión no llegó por resolución sino por agotamiento. El ser humano se agota, por definición, de no concluir nada a partir de sus argumentos (tanto así que esa noche yo dormí como un lirón, de lo cansado que tenía el cerebro, y me consta que mi buen amigo así lo hizo también).

Y al resolver terminar con la conversación, pudiera parecer que a modo de "gracieta fabulesca", pero con un sentido ulterior que por suerte a mí, quizá con la trascendencia afincada en mi cabeza hasta unos minutos más tarde, no se me escapó, mi buen amigo exhortó, tan ligeramente que pareciera que ese primer motor, ese Dios, ese algo que insistimos en que haya creado el mundo, nuestro mundo, le hubiera puesto las palabras en la boca, como resumiendo lo que va a ser de la vida al acabarse el verano, sobre todo en este Santander tan nuestro (les recomiendo alguna lectura de Álvaro Pombo para conocer ese Santander "nuestro"): "Ahora la gente se pasa el día...
haciendo el nada
y comiendo pipas
".

Y así es como el universo compensa la ineficacia del ser humano, a sabiendas de que no le interesa que descubramos el sentido de la vida, porque si lo hacemos, se habrá acabado el mundo...



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