Maldito tiempo
Ahora cambio el reloj de hora.
¿Y qué?
Van a seguir poniéndome esa absurda excusa de que las empresas ahorran más luz de este modo, ¿no? Quiero que sepan que eso ya no se lo traga nadie. Las empresas gastan luz a las tres de la mañana o de la tarde, a tope con los focos, y nada de bombillas de bajo consumo.
Quieren convencerme de que esto lo hacen por ahorrar luz, insisten... Y yo sólo veo más gasto: A las siete de la tarde tienes que encender las luces del salón porque no puedes ni morderte las uñas sin fallar. Sales a la calle y todas las luces están encendidas a las ocho, y eso que no ha llegado el invierno, que a las seis ya están encendidas.
Luces por todos lados, pero además, nocturnidad.
La vida en la calle en otoño y con cambio de hora se hace cada vez más escasa. A partir de ahora parece que salgo a la calle a última hora para comprar los regalos de navidad cada vez que me muevo del sofá más tarde de las seis.
Y entro a los establecimientos sólo por encontrar algo más de luz que unas farolas hartas de iluminar tanto delito absurdo. Tanta chusma, que no tiene otro nombre, tanta desilusión. Tanta hipoteca, calefacción (no olvidemos que con una hora menos de luz por la tarde, hace más frío), perro nuevo, mamá quiero esto para navidad, qué quieres para tu cumple, haremos algún viaje, no llego a fin de mes. Y ahora súmale esos euros de más por encender las luces una hora antes.
Ellos sí que ahorran, pero dinero, y el de los demás.
A mí no me engañan, he aprendido a ver en la oscuridad, ¿y el calor? Ése me lo busco en otros cuerpos, le pese o no a Gas Natural.
¿Y qué?
Van a seguir poniéndome esa absurda excusa de que las empresas ahorran más luz de este modo, ¿no? Quiero que sepan que eso ya no se lo traga nadie. Las empresas gastan luz a las tres de la mañana o de la tarde, a tope con los focos, y nada de bombillas de bajo consumo.
Quieren convencerme de que esto lo hacen por ahorrar luz, insisten... Y yo sólo veo más gasto: A las siete de la tarde tienes que encender las luces del salón porque no puedes ni morderte las uñas sin fallar. Sales a la calle y todas las luces están encendidas a las ocho, y eso que no ha llegado el invierno, que a las seis ya están encendidas.
Luces por todos lados, pero además, nocturnidad.
La vida en la calle en otoño y con cambio de hora se hace cada vez más escasa. A partir de ahora parece que salgo a la calle a última hora para comprar los regalos de navidad cada vez que me muevo del sofá más tarde de las seis.
Y entro a los establecimientos sólo por encontrar algo más de luz que unas farolas hartas de iluminar tanto delito absurdo. Tanta chusma, que no tiene otro nombre, tanta desilusión. Tanta hipoteca, calefacción (no olvidemos que con una hora menos de luz por la tarde, hace más frío), perro nuevo, mamá quiero esto para navidad, qué quieres para tu cumple, haremos algún viaje, no llego a fin de mes. Y ahora súmale esos euros de más por encender las luces una hora antes.
Ellos sí que ahorran, pero dinero, y el de los demás.
A mí no me engañan, he aprendido a ver en la oscuridad, ¿y el calor? Ése me lo busco en otros cuerpos, le pese o no a Gas Natural.