Los atributos de Pene
Sí, señoras y señores, aunque crean que no puede ser cierto, Penélope Cruz (esa chica española que ha rodado junto a Woody Allen la nueva guía turística del país, con un nombre extraño, eso sí, algo así como... Victoria, Cristina y ¿dónde dices?) ha ganado el Oscar a la mejor actriz secundaria.
Por alguna circunstancia que otros muchos y yo no logramos comprender, Penélope Cruz es a los ojos de los cineastas extranjeros (y a los de Almodóvar) una actriz sublime, con grandes atributos dramáticos. Yo, que nunca fui de repudiar lo nacional, diré que tengo la impresión de que los atributos dramáticos de Pe (Pene en la juventud, parece curioso que se acorte con el tiempo y no al revés...) no tienen nada que ver para ganar -y no gracias a la intensa publicidad que se le ha hecho en este país (que no ha sido poca), háganse a la idea- la preciada estatuilla eunuca de gran espadoide, porque brillan por su ausencia
No puedo olvidar la mierda de careto que puso al ganar el Goya -que ya sólo por eso yo la desterraba del panorama filmográfico español- comparada con la de caretos entusiastas que ha puesto al ganar los premios americanos.
Es decir, señorita Penélope, ¿me puede usted negar que los reconocimientos nacionales siente que ya no la llenan y sin embargo los americanos -que todos sabemos por qué y a quién se los dan en estos tiempos que corren- la caramelizan y pastelonean?
Jamás creí que por hacer de cazoñera en una infame película -ya no de Woody Allen- sino infame en todos los sentidos y en todas las categorias (que, Woody, te has colado...) pudiera darte una estatuilla de oro de estas tan monas.
Hasta una historia preciosa y muy bien interpretada por Ben Kingsley y Patricia Clarkson, entre otros, nos la jo** Pene. Pene jo**endo en algún sitio... qué paradoja.
Me conformo con saber que la antes encasillada Kate Winslet ha podido demostrar su elegancia con el paso del tiempo... Y, esto hay que remarcarlo, curiosamente, no ha ganado el Oscar por la película que ha hecho con su marido y DiCaprio. Atrévete, Pe, a decir tú lo mismo.
Por alguna circunstancia que otros muchos y yo no logramos comprender, Penélope Cruz es a los ojos de los cineastas extranjeros (y a los de Almodóvar) una actriz sublime, con grandes atributos dramáticos. Yo, que nunca fui de repudiar lo nacional, diré que tengo la impresión de que los atributos dramáticos de Pe (Pene en la juventud, parece curioso que se acorte con el tiempo y no al revés...) no tienen nada que ver para ganar -y no gracias a la intensa publicidad que se le ha hecho en este país (que no ha sido poca), háganse a la idea- la preciada estatuilla eunuca de gran espadoide, porque brillan por su ausencia
No puedo olvidar la mierda de careto que puso al ganar el Goya -que ya sólo por eso yo la desterraba del panorama filmográfico español- comparada con la de caretos entusiastas que ha puesto al ganar los premios americanos.
Es decir, señorita Penélope, ¿me puede usted negar que los reconocimientos nacionales siente que ya no la llenan y sin embargo los americanos -que todos sabemos por qué y a quién se los dan en estos tiempos que corren- la caramelizan y pastelonean?
Jamás creí que por hacer de cazoñera en una infame película -ya no de Woody Allen- sino infame en todos los sentidos y en todas las categorias (que, Woody, te has colado...) pudiera darte una estatuilla de oro de estas tan monas.
Hasta una historia preciosa y muy bien interpretada por Ben Kingsley y Patricia Clarkson, entre otros, nos la jo** Pene. Pene jo**endo en algún sitio... qué paradoja.
Me conformo con saber que la antes encasillada Kate Winslet ha podido demostrar su elegancia con el paso del tiempo... Y, esto hay que remarcarlo, curiosamente, no ha ganado el Oscar por la película que ha hecho con su marido y DiCaprio. Atrévete, Pe, a decir tú lo mismo.